JAÉN

NUESTRA CIUDAD

 

ÍNDICE
Introducción
Jaén Monumental I
Jaén Monumental II
Jaén Religiosa
Jaén Cultural
Gastronomía
Ritos y Leyendas
Autoría
Enlaces

 

INTRODUCCIÓN
Cuentan las historias que cuando los Cien Mil Hijos de San Luis pasaron por Despeñaperros camino de Cádiz, al contemplar el campo de Jaén presentaron armas de forma espontánea. Seguramente la historia no es cierta. Pero, si usted decide entrar en Jaén por Despeñaperros, es primavera y va mediado el mes de mayo, verá un espectáculo poco frecuente: la floración, en el verdor del olivo, de una diminuta florecilla blanca, (bastante desconocida salvo por los aficionados a resolver crucigramas), que se llama rapa. La flor, si fructifica, se convertirá en la aceituna, que dará lugar a uno de los líquidos mas preciados para la salud y la alimentación: el aceite, nombre del que todos se han apropiado para dar importancia a cualquier grasa.

Ha entrado en la provincia de Jaén, bastante desconocida, "cenicienta" y con bastantes tópicos sobre ella debidos al desconocimiento. Aquí le ofrecemos algunas Rutas para que usted averigüe su verdad y tenga su propia opinión. De todas formas empezaremos por decirle que no sólo por su situación geográfica, sino por su talante y por su idiosincrasia es una provincia andaluza.

No le extrañe que en algún sitio pronuncien un castellano bastante abierto pero sin "seseo"; a pocos kilómetros encontrará un pueblo que "seseará" y un poco más lejos otro que "zezeará". Por ejemplo: si está usted en Baeza podrá suponer que está en Córdoba, y si en Pegalajar, que en Granada. Esto se debe a que todos los que pasaron por aquí quisieron quedarse, ya fueran cartagineses, romanos, visigodos, árabes o cristianos y algo dejaron, aunque no fuera mas que palabras y acentos, además de llevarse mucho. Al fin y al cabo ésto fue el límite de un reino mítico que se llamó Tartesos y donde Hércules dejó una Columna, (ahora se llama la Peña de Martos). Strabón y Plínio escribieron ya de alguna de las ciudades que en esta tierra existían.

Los cartagineses se encontraron aquí cómodos (Hay una coplilla que dice: "Jaén, bella población/ por Asdrúbal fue fundada./ La gente fina y honrada/ y eso de que roncan...una "exagerasión".) Aníbal se casó por estas tierras con una de sus bellezas, Himilce, que tenía como dote unas riquísimas minas de plata y plomo. Los romanos se establecieron sin que nadie les molestara durante muchísimos años, (Julio Cesar se paseó, como usted pero guerreando, por estos campos).

Los cristianos no podían dejar de evangelizar esta tierra y mandaron a un discípulo de San Pablo, o quizá a dos, que establecieron una o dos diócesis y después alcanzaron la santidad: San Eufrasio y San Isicio.

Los visigodos echaron a los vándalos, pero aprovecharon la circunstancia para quedarse. También tuvimos la presencia de los bizantinos. Y, naturalmente, la de los musulmanes. En Jaén se establecieron los Qinnasrin, de origen sirio, pues, aparte de cuestiones políticas, les gustó esta tierra que según ellos se parecía a la suya y tenía mucha agua. Y ellos y sus descendientes fueron de los que más aguantaron puesto que, hasta que Fernando III, allá por la primera mitad del año mil doscientos, trajo a sus gentes castellanas y leonesas, fueron los dueños de esta provincia. Luego ya saben...los Reyes Católicos... la expulsión de los moriscos... la unidad de los reinos cristianos, la unidad de fe... la unidad de costumbres...

Precisamente la llegada de Fernando III que traía, y estableció, gentes de Castilla y León, que pronunciaban el llamado castellano de distintas formas, ha hecho que ahora cada comarca, cada pueblo o cada lugar lo pronuncien a su manera. Y como también vinieron gentes de Cuenca (a las que se unieron los que trajo su paisano el Condestable de Castilla Miguel Lucas de Iranzo, que había nacido en Belmonte), todavía perduran frases, locuciones, apellidos y comidas que a los conquenses les admira que existan fuera de su provincia. Y no sólo trajeron lo anteriormente dicho, sino algo mucho mas importante: el Fuero de Cuenca, una de las leyes mas progresistas de su tiempo, que le fue concedido a muchas de las ciudades conquistadas. Gracias a este Fuero, sus habitantes aprendieron a ser mas libres y mas iguales.

Después de los Reyes Católicos queda poca historia que contar. Al igual que los países pequeños y las mujeres decentes, Jaén tiene poca historia que contar. Las tierras fueron pasando de las Ordenes Militares y de los Nobles a las gentes que aquí vivían y que cultivaron el trigo, la cebada, las moreras para hacer seda, los frutales y, por supuesto, el olivo. Se esquilmaron sus minas (generalmente por extranjeros); la última importante se cerró en Linares, en 1991, aquella que tenía un pozo que los poetas llamaban "rascainfierno" por su profundidad. Sus hombres trabajaron duro, para que sus beneficios se fueran generalmente a otras ciudades o regiones y, a veces, fueron felices. Algunos cruzaron el mar y sembraron el nombre de Jaén o de algunos de sus pueblos desde la Patagonia a Filipinas. En tierras de Jaén se dio una experiencia única: la creación de las "Nuevas Poblaciones" cuyo ejemplo señero es La Carolina. Luchó contra invasión francesa en memorable batalla en los alrededores de Bailén, y creó la correspondiente Junta Provincial. Claro que también unos colaboraron con los franceses y otros fueron guerrilleros. Durante la represión absolutista de 1823 el general Riego fue capturado en Arquillos y encerrado en La Carolina, de donde salió para morir en Madrid.

El absolutismo triunfó pero algo debía ocurrir entre los que no eran tan poderosos y tenían la mente un poco más abierta, cuando Andújar fue la sede de lo que después sería el movimiento autonómico andaluz que se anticipa a otros, más publicitados. Era 1835. El caos económico y la descomposición sociopolítica de los años subsiguientes también se dieron en Jaén, y aquí también se aclama la "Gloriosa" del 68. Y nace tímidamente el movimiento reivindicativo y en 1870 la afiliación provincial a la I Internacional.

También las guerras carlistas llegaron por aquí, entre otras cosas por que el general Gómez era de Torredonjimeno. No podemos dejar de pensar que el manifiesto contra el caciquismo rural de Joaquín Costa, de 1901, se debió gestar en los años que estuvo de Notario en Jaén. El resto de la historia es muy cercana y de ella sólo nos resta reseñar que, en épocas de elecciones libres, las fuerzas progresistas y conservadores suelen estar equilibradas, pero que las cabezas de las candidaturas no suelen haber nacido en Jaén ni suelen tener ninguna vinculación con la tierra. Decíamos que esta era una provincia desconocida, y añadiremos que misteriosa, ya que ni en el origen de su nombre actual se han puesto de acuerdo los eruditos. Parece que Jaén viene de "yayyan" (retorciendo su significado: zona que se caracteriza por su abundancia de agua). Otros opinan que viene de Geen (algo así como paso de caravanas). Los romanos la llamaron Aurgi. Menéndez Pidal trae Jaén de Gaen, deduciéndolo del antropónimo Caius. Aquí hubo, efectivamente, un personaje, Cayo Sempronio Semproniano, que fue diunviro y pontífice perpetuo, pero parece excesivo que le cambiaran el nombre a una ciudad por muchas obras públicas que hiciera el ilustre benefactor.

La hemos llamado "cenicienta", aunque no nos gusta el victimismo, por que su mano de obra ha enriquecido otras regiones (cuando la SEAT era una empresa prepotente, el cincuenta y cuatro por ciento de sus obreros habían nacido en esta provincia), su riqueza se ha despilfarrado en las grandes ciudades, y sus hombres, sus leyendas y sus méritos se han ignorado seguramente para que el orgullo no hiciera más difícil doblegar a los que previamente se habían hecho pobres.

Pondremos unos pocos ejemplos: Cataluña y Barcelona festejan, enaltecen y se regocijan con la leyenda de San Jordi y el Dragón. Aquí existe la misma leyenda, salvo que el vencedor no es ni un caballero ni un Santo (que por cierto no reconoce ni la Santa Sede), sino un humilde lugareño y, en vez de festejarlo con un día de asueto, el dragón se convierte en un lagarto (en Jaén la fonética popular lo ha convertido en "largato"), y la tradición se convierte en un maldición, (sin fantasías medievales) que dice: "Así revientes como el "largato" de Jaén". Sus hombres famosos han sido engullidos por otras ciudades, regiones o nacionalidades. Nos fijaremos en tres casos tomados de un mismo pueblo, Alcalá la Real. Los sevillanos dirán que el formidable imaginero de su Semana Santa Martínez Montañés, nació en la ciudad del Guadalquivir (por cierto ¿es que el río nace allí, o solamente pasa por aquella ciudad?). Los castellanos no dudarán de quedarse con Guadalajara como patria de Juan Ruiz el famoso Arcipreste de Hita, (incluso alguno, que había oído campanas y no sabía donde, ha llegado a escribir que nació en Alcalá de Henares). Y los catalanes jurarán y perjurarán que la patria del inventor de la "tenora" de sus coblas, "Pep" Ventura, está entre el Ebro y los Pirineos. (Por cierto "El cant dels aucelles", no es anónimo: lo escribió el alcalaíno -de Alcalá la Real-, José Ventura).

Quizá merezca la pena recordar que la mayor parte del aceite que se consume en el mundo con marca italiana procede de estas tierras. A cambio de todo ello, en 1991 el cuarenta y uno por ciento de la población de Jaén estaba en el umbral de la pobreza y el trece por ciento en la pobreza severa. ¿No es ser esto cenicienta? Pero, volvamos a los caminos de entrada en la provincia. Si viene del Sur, y no le gustan las emociones fuertes conduciendo, utilice la carretera que parte de Granada, ya que, por fin, el Ministerio correspondiente ha conseguido eliminar tres puertos de montaña y hacer una carretera bastante suave, (bien es verdad que en algún tramo peligrosísima, que ha logrado el triste sobrenombre de la carretera de la muerte) por ahora sin desdoblar, que, en general, discurre entre una montaña y un río. Así podrá recorrer noventa y dos kilómetros en aproximadamente una hora.

Si decide entrar por el Este pídale a Dios que haya inspirado al Ministerio para que haya arreglado la carretera. Si no es así, tómeselo con calma y goce del paisaje.

Si es por el Oeste por donde accede a la tierra giennense, ha tenido suerte: la carretera es lo que le ha tocado a Jaén del famoso 92. Hasta Bailén vendrá usted por una magnífica y llana carretera. Con un año de retraso, puesto que era la que debía dar acceso a Granada para celebrar los Juegos de Invierno del 95, se ha abierto una doble vía de Bailén a Jaén, con lo cual llegará en un tiempo normal a la capital.

Desde Madrid, Granada, Córdoba, Valencia y Barcelona hay autobuses que le traerán cómodamente. Si usted prefiere la RENFE, es que le gusta viajar despacito o es un jugador de fortuna.


ALGÚN CONSEJO Y UNOS DATOS

Si circula en automóvil por las carreteras de Jaén, procure respetar la velocidad que marcan las señales; la Guardia Civil de Tráfico de esta provincia tiene fama de estricta, escudriñadora, y suele estar al acecho en los sitios mas inesperados.

La temperatura media de Jaén es de 16,9 grados centígrados, siendo las medias mensuales máximas, en los últimos cincuenta años de 8,4 en enero a 27,6 en julio, si bien las extremas de estos años han llegado de menos ocho grados bajo cero, en febrero, a cuarenta y tres con dos décimas en julio. La media anual de precipitaciones no es muy alta: 587 milímetros por metro cuadrado en el mes de marzo, siendo este mes el más lluvioso y agosto el más seco, que lo sería completamente si no fuera por las tormentas que en sus últimos días caen casi indefectiblemente.

Para saber cuando va a llover en la ciudad de Jaén hay un irreverente refrán que no falla: "Cuando Jabalcuz tiene capuz y la Pandera, montera, lloverá aunque Dios no quiera". Sin embargo esté tranquilo el número de días absolutamente despejados y de sol radiante es de 121. Claro que todas estas cifras son estadísticas y ya sabe usted que la Estadística es la cuarta forma de la mentira. Hay otro meteoro que no debemos olvidar: el viento, que es particularmente intenso en la Ciudad, y dicen las consejas que hace sonar las campanas de la Catedral, y que en una ocasión, el 24 de diciembre de 1821, incluso abrió las puertas del Templo con su empuje. Si está en uno de esos días en Jaén y quiere conocer una nueva emoción suba hasta la calle Campanas, al costado norte de la Catedral, y disfrutará de algo que quizá sea nuevo para usted.

Inicio

 

JAÉN MONUMENTAL I

Vamos a iniciar por Jaén un recorrido pensado para conocer casi todos los monumentos de la ciudad y que debe hacerse a pie. Es más fácil, se conoce la ciudad y no hay problemas de aparcamiento. Podremos ver muchas cosas, pero nuestro objetivo final, en este primer día, es conocer el Museo Provincial, los Baños Arabes, la iglesia de la Magdalena, el Arco de San Lorenzo y la Iglesia de San Ildefonso.
Comenzamos nuestro camino en el Museo Provincial (Paseo de la Estación número 27), uno de los mejores de España en restos ibéricos. Edificio de 1920 de inspiración italo-española. En su fachada principal se ha colocado la del antiguo Pósito, trasladada cuando se derribó el edificio. Columnas corintias sustentan el entablamento sobre el que hay un escudo imperial; en los extremos alegorías del pósito. Una de las figuras lleva una canasta de pan y la otra haces de mies; la de la izquierda sostiene un escudo de la Ciudad y la otra el que pudiera ser del corregidor Alonso Suárez de Lugo.

La planta baja del Museo está dedicada a la arqueología. En la sala I, restos prehistóricos. En la Sala II, objetos ibéricos. A destacar el Toro de Porcuna, la maqueta de la Cámara sepulcral de Toya (el original está en el Museo Nacional), exvotos del Collado de los Jardines, en Despeñaperros, mosaicos romanos y un sarcófago paleo-cristiano encontrado en Martos En la entreplanta un gran mosaico romano de Santiesteban del Puerto.
La Sala III tiene restos visigodos de La Guardia y Lopera y, en su planta baja, objetos árabes, cerámica y el tesoro de Charilla (Porcuna). En la escalera, Arco Mudéjar de la Casa de la Virgen que ya no existe.

En la planta alta, escultura y pintura moderna. Se pueden contemplar obras de Madrazo, Hidalgo de Caviedes, José Nogué, Manuel Angeles Ortiz, Vázquez Díaz, Zabaleta, y grabados de Goya.

Al salir del Museo, y subiendo por el Paseo de la Estación, llegaremos al Monumento de las Batallas, conmemorativo de las de las Navas de Tolosa y Bailén, con grupos alegóricos; del centro arranca una columna rematada por una alegoría del Angel de la Victoria. En el frente, un fragmento de la Oda Al Dos de Mayo de Bernardo López (nacido aquí): "En tu suelo virginal/ no arraigan extraños fueros/ porque indómitos y fieros/ saben hacer tus vasallos/ frenos para sus caballos/ con los cetros extranjeros." Seguiremos subiendo por el Paseo de la Estación , que tiene diversas casa modernistas -entre ellas el Asilo de Ancianos de las Hermanitas de los Pobres-, para desembocar en la calle Roldán y Marín, (el alcalde que al abrir esta calle comenzó el ensanche de Jaén a principios de siglo), que nos lleva a la Plaza de la Constitución, mezcla de edificios "modernos"; el más relevante es la Delegación de Hacienda, de los años treinta, que rompió la antigua Plaza del Mercado en dos.

Por el lateral derecho de Hacienda pasaremos a la Plaza del Deán Mazas, (benefactor y autor de un importante libro sobre Jaén), donde está el Palacio de los Vilches, actual Caja Postal, con un pórtico de cinco arcos de medio punto apoyados en columnas dóricas; entre ellos bustos de héroes de la antigüedad. El interior, pese a las muchas reformas, conserva su estilo renacentista que ya nos había indicado el exterior.

En la Plaza una fuente de mármol gris con la figura de un minero que trata de mover un bloque de piedra. Está dedicada al arquitecto Justino Flores Llamas.

Sigamos por la acera del Palacio para llegar a la Plaza del Pósito, donde se encuentra una Cruz de hierro sobre una columna clásica, que sustituye a la picota de los condenados que allí estuvo.

Subiendo unas escaleras accederemos a la calle Bernabé Soriano, (un médico muy querido en Jaén) y, siguiendo por la derecha, vamos bordeando el Palacio de la Diputación Provincial que se terminó en 1879 sobre lo que había sido el convento de San Francisco. Adopta la planta tradicional de los palacios renacentistas. En su patio interior, una fuente procedente de un convento de La Guardia rematada por una Virgen sedente. En su interior hay una interesante colección de pinturas.

Sigamos por la calle del Obispo González Doncel, (antes de los Alamos) para subir por la calle Colón, en cuya plaza quedan unos arcos que nos recuerdan su antigua estructura, y un poco más arriba la Plaza de la Audiencia (que allí estuvo durante varios siglos), para embocar la calle Martínez Molina donde encontraremos algunas casas dignas de mención. En el 5 estuvo el palacio del Corregidor de la Ciudad, se demolió en 1959 para construir el edificio actual. Se aprovecharon algunos materiales y se ha conservado el escudo de Jaén y, entre los balcones, uno imperial. En el número 18 queda la fachada de una construcción del XIX, residencia de la familia Coello de Portugal que conserva un escudo nobiliario. En el 24, portada con pilastras toscanas y buena cancela; en el 33 edifico modernista, así como en el 37, de gran originalidad. En el 51 una lápida recuerda que en esta casa nació el doctor Rafael Martínez Molina.
Conviene que salgamos un momento de esta calle para que, bajando por la de San Andrés, conozcamos la Iglesia de San Andrés y la Santa Capilla de la Limpia Concepción de María. Pudo ser mezquita y, con mayor seguridad, sinagoga. Su planta y dependencias son muy grandes están siendo salvadas de la ruina por la Caja de Ahorros de Córdoba. Esta Iglesia fue fundada, en 1515, sobre la iglesia original, por don Gutierre Doncel, tesorero del Papa León X, y en sus enterramientos hay tierra sacada de las catacumbas romanas, de ahí su nombre de Santa Capilla. En ella se pueden ganar todas las indulgencias, salvo algunas romanas, y, en según que condiciones, hasta dobladas.

Aunque posee capillas y cuadros de interés, no nos detendremos en la iglesia, de planta basilical, y nos dirigiremos a la Santa Capilla, situada en la nave lateral derecha, separada de la iglesia por una formidable reja de hierro forjado del maestro Bartolomé, coronada por la escena del abrazo ante la Puerta Dorada y como remate el árbol de Jessé. Junto a la reja, un púlpito de forja al que da paso un puerta mudéjar. Junto al púlpito, una tabla de la Virgen del Pópulo que ha sido atribuida a Durero y a Lippi, aunque lo mas probable es que no sea de ninguno de los dos. La Capilla es cuadrada, con cubierta poligonal sobre trompas decoradas con yeserías gótico-mudéjar, con inscripciones en caracteres góticos. El retablo es barroco y en él se abre un camarín, al que se accede por una escalera en zig-zag desde la sacristía; está decorado con labor dorada para la que se trajeron de Madrid 98 libras de oro (326,40 x 98 = 31,987 Kgs.). La imagen es, naturalmente, una Inmaculada de madera policromada del barroco Felipe Meca.

A las dependencias de la cofradía, una de las más antiguas de Jaén y que conserva todavía númerus clausus, se suele acceder por la calle Rostro por una puerta claveteada, enmarcada por pilastras toscanas que sostienen un entablamento sobre el que descansa una hornacina en el que se vuelve a representar en relieve el abrazo ante la Puerta Dorada. Sobre el triángulo que cubre la hornacina, el escudo de la Santa Capilla y sobre él, las aspas de San Andrés. A ambos lados de la puerta, ventanas enrejadas y sobre ellas dos curiosos escudos. En el interior de las dependencias cofradieras algunos lienzos de interés.

En el patio, fuente mural, brocal de pozo que pudiera ser bajo medieval y en el centro, sobre columna, la figura del fundador realizada en 1915.

Al volver por la calle San Andrés a Martínez Molina, y enfrente de la Iglesia podremos observar un curioso escudo en el que en altorrelieve hay cuatro castillos sobre los que se labran leones y en el centro sobre otro castillo las cadenas navarras.

Siguiendo por Martínez Molina y dejando a la izquierda la parte trasera de la iglesia de San Juan desembocaremos en la plaza de Santa Luisa de Marillac. En el centro una fuente, la del pato, y ocupando la fachada más noble de la plaza, el Palacio del Conde de Villardompardo, edificio mas manierista que renacentista, de 1592, edificado para el que fuera Virrey del Perú, Fernando de Torres y Portugal. Desde mediados del XVIII fue Hospicio y actualmente es Museo de Artes y Costumbres Populares y primer Museo Naif de España. En la parte derecha de la fachada está la Iglesia de la Visitación, que fue Capilla del Hospicio. Es interesante el patio central del Palacio con dos galerías de arcos apoyados, en la planta baja, en columnas dóricas y, en la planta superior, en columnas jónicas.
 Pero lo mas interesante de este Palacio es que se construyó sobre uno de los numerosos baños de la época musulmana que existían en Jaén BAÑOS ÁRABES.

 Según las opiniones más doctas estos baños corresponden a los que estaban próximos al Palacio de los Reyes Moros (actual convento de Santo Domingo) y eran conocidos por Hamman al-Walad, Baños del Niño.

 Han sido restaurados y acondicionados por un ilustre giennense: Luis Berges Roldán, por cuya obra ha obtenido el Premio "Europa Nostra" en 1984. Seguiremos para su descripción la obra del propio Berges que ha sido primorosamente editada por la Caja Provincial de Ahorros de Jaén, en edición no venal. Se accede a los baños por la misma entrada que tuvieron originalmente y de la que se conserva la escalera, por la que se llega a un patio descubierto pavimentado con losas de piedra caliza en buen estado de conservación, desde donde arrancan muros de ladrillo y donde debió de estar el puesto del vigilante; dos pequeñas estancias cercanas, se supone eran las letrinas. Desde el acceso pasamos a una estancia (al-bayt al-mas- laj), de catorce metros de largo y tres setenta y cinco de anchura, cubierta de bóveda de cañón corrido que era el vestíbulo de ingreso. De allí pasamos a la Sala Fría (al-bayt al barid), de menos longitud que la anterior y también ligeramente más estrecha, comunicada con el vestíbulo por hueco adelantado de un metro cincuenta de anchura; su techo es también de media bóveda de cañón corrido con doce lucernas que permitían la iluminación y la ventilación.
La sala siguiente es la Sala Templada (al-bayt al wastani), de planta cuadrada, de once treinta por once treinta metros, cubierta por cúpulas semiesféricas con pechinas apoyadas en un cuadrado organizado por ocho arcos de herradura, soportados por otras tantas columnas. A la derecha, ésta sala se abre, a través de dos arcos de herradura, a otra estancia de cerca de tres metros de ancho en cuyos extremos se encuentran dos pequeñas salas que serían dos alcobas de descanso.

De la Sala Templada pasamos a la Sala Caliente (al-bayt al-sajun) por un hueco adintelado que se abre a un espacio de casi dieciséis metros por tres veinticinco; en ambos extremos hay dos alcobas de casi tres metros, cubiertas con bóvedas vaídas provistas de cinco lucernas que se apoyan en el correspondiente arco de herradura apeado sobre columnas. El espacio central de esta Sala Caliente se cubre por bóveda de medio cañón corrido en el que se abren quince lucernas y cuya altura máxima es de tres metros ochenta centímetros desde el suelo.

Estos Baños eran usados por los musulmanes, especialmente por los funcionarios y servidores del Palacio contiguo, de lunes a jueves; por los judíos los viernes, y por los cristianos los sábados y los domingos. Los hombres iban desde las doce de la noche hasta el medio día y las mujeres por la tarde.

Aunque no hay una constancia clara de la fecha de su construcción hay un dato por el que sabemos que estaban en uso en el siglo XI: Argote de Molina cuenta que en estos Baños fue asesinado el año 1002 el rey Alí por eunucos al servicio del anterior rey de Jaén Al-Hatan, que había sido derrotado por Alí arrebatándole el reino.

Si a usted le interesan este tipo de monumentos quizá cuando lea esta guía estén restaurados, también por Berges Roldán, otros baños árabes situados en la Plaza de los Caños, a la que se llega por la calle Millán de Priego.

CONVENTO DE SANTO DOMINGO

Volvemos a la plaza de Santa Luisa de Marillac. A la derecha, salen dos calles: la de Santo Domingo y la de la de Los Uribes. En ésta, y justo en la esquina, tenían su casa los Uribes, una familia de rancia estirpe giennense, de cuyo solar no queda casi nada. Primero se quitó, para facilitar la circulación, una gran piedra donde, al parecer, se efectuaban las ejecuciones o, por lo menos, se exhibían los restos de los ajusticiados. Y después se ha transformado la primitiva casa, de la que no queda apenas nada que reseñar.

Un poco más arriba comienza la calle de Santo Domingo, uno de cuyos laterales lo ocupa la fachada del Real Convento y Universidad de Santa Catalina Mártir, de los padres Dominicos, que ocupa toda la manzana. Fue fundado por el rey Juan I en 1382, y, al parecer, era uno de los centros principales de los Dominicos en Andalucía. El Papa Paulo III le concedió el privilegio de ser Universidad, pero ante las protestas de la de Baeza perdió este rango, tras un largo pleito. Su construcción se debe a Andrés de Vandelvira. Y son dignos de visitarse la iglesia y el patio.

La Capilla Mayor, de planta poligonal, está cubierta por nervaturas propias del gótico tardío, pero el resto de la Iglesia es del siglo XVI. El edificio ha sufrido muchas reformas -la última para convertirlo en Archivo de la Diputación Provincial- y, por tanto conserva muestras de diferentes estilos. A destacar en la Iglesia el púlpito de mármol negro con incrustaciones de mármol blanco en el escudo de la Orden, y alegorías de la visión mística de Santo Domingo; la puerta de la Sacristía, de cuarterones en los que están talladas efigies de Santo Tomás, Santo Domingo, Imposición de la Casulla a San Ildefonso, y Santo Tomás de Villanueva, además del escudo de la Orden y querubines Puede fecharse este trabajo en el siglo XVII.

El Patio, barroco, es cuadrado, de grandes dimensiones, porticado con columnas pareadas de orden toscano. En la planta superior alternan ventanas y balcones con un ritmo perfecto. Coincidiendo con la clave de los arcos, sobre el balcón central de cada lado, un escudo: de los Austrias, de la Orden, de fray Francisco de Vitoria y del "Caballero veinticuatro", Juan Cerezo, que donó sus bienes al Convento.
La entrada de la fachada principal parece ser que fue diseñada por Alonso Barba en 1582; es de estilo manierista, y en ella, sobre una portada toscana, hay tres hornacinas para Santa Catalina, Santo Tomás y Santo Domingo, cerrándose con un frontón curvo. Todo el espacio se encuadra por un entablamento sostenido por columnas corintias, cerrándose el conjunto con un frontón triangular con el escudo de la Orden.
IGLESIA DE LA MAGDALENA

Si seguimos por la calle Santo Domingo alcanzaremos la de Juanito el Practicante, donde, a la derecha, encontraremos el Convento de Santa Ursula, un gran edificio muy deteriorado, fundado a mediados del siglo XVI "para el recogimiento de mujeres de las que andan por el mundo ofendiendo a Dios Nuestro Señor". Nos encontramos ya en el núcleo de lo que fue el primitivo Jaén. Hemos llegado al lugar donde posiblemente se establecieron sus primitivos pobladores para aprovechar el nacimiento de un importante caudal de agua. Estamos en la Plaza de la Magdalena, donde podemos ver todavía el lugar del nacimiento de agua, donde se han encontrado lápidas y estatuas que se conservan en el Museo Provincial, y donde se ubica la leyenda-mito más popular de la ciudad, que aún perdura: la del Lagarto de Jaén.

Aquí se hacía residir a una fiera, lagarto o dragón que, al igual que en otras leyendas medievales, sembraba el pánico y mataba a quien se enfrentaba con él. Hasta que un joven del pueblo, gracias al ingenio, lo venció haciéndole tragar un explosivo que lo reventó. Todavía queda en el habla popular una especie de maldición que desea al enemigo "así revientes como el largato de Jaén" (la traslación de consonantes no es de la imprenta sino del decir popular).

El manantial, además de proporcionar agua a alguna casa de baños hoy desaparecida, surtía la alberca de la abluciones de la mezquita sobre la que se construyó la Iglesia de Santa María Magdalena. Su portada es gótico Isabel. Su planta es cuadrada irregular, con pilares que la dividen en cuatro naves, sobre las que se apoyan bóvedas nervadas. Su estilo está muy entremezclado pero podríamos definirlo como gótico flamígero.

El patio, donde se encuentra la alberca, conserva un claustro cuyos arcos son unos de herradura y otros de medio punto. En su balaustrada se conservan algunas yeserías musulmanas; y en los muros pueden adivinarse pinturas primitivas, al parecer de reyes cristianos, y alguna lápida. En el interior se conservan piezas escultóricas de algún mérito, así como pinturas y obras de orfebrería del siglo XVI. No olvidemos las puerta de acceso, de doble hoja, que mandó hacer el obispo Tavera en 1555, con valiosos herrajes, aunque lamentablemente han desaparecido los aldabones, y sólo quedan las planchas de labra plateresca.
ARCO DE SAN LORENZO

Desde la Plaza volveremos por la calle de Juanito el Practicante para alcanzar la de Almendros Aguilar, escritor giennense que destacó por su vena poética, para llegar a la plaza de San Juan donde se encuentra la iglesia que le da nombre, aunque el nombre de la parroquia sea el de San Pedro. 

Esta Iglesia de San Juan, de traza gótica que, lamentablemente, ha sido "modernizada", fue en los siglos XV y XVI Cabildo de la Ciudad, y todavía el reloj de su torre marca la hora oficial de Jaén con una campana de un metro de diámetro en cuyo interior se puede ver una cruz y leer, en caracteres góticos, una antífona que dice "He aquí la Cruz del Señor. Huid enemigos. Venció el león de la Tribu de Judá y de la raíz de David".
A pesar de la "modernización", se van haciendo "reformas" que están dejando al descubierto arcos y pilares mudéjares. Entre sus imágenes el grupo de buen y mal ladrón, atribuido al escultor local del siglo XVI Sebastián de Solís, al igual que el San Juan. En el presbiterio, un Crucificado de finales del XVI, que tiene los brazos articulados, para la ceremonia del descendimiento en Semana Santa. En la Sacristía se guardan pinturas y orfebrería; de ésta última entre otras piezas, las cuatro mazas de plata de la Universidad de Curas Párrocos, con símbolos de los cuatro Evangelistas y motivos fantásticos.
Sigamos por la calle Almendros Aguilar, una de las más antiguas de Jaén, donde podremos ver algunas casas modernistas, arcos, portadas, zaguanes y puertas de algún interés, para llegar, en su confluencia con Madre de Dios, al Arco de San Lorenzo. Es lo único que queda de la Parroquia de San Lorenzo. Y gracias a los desvelos de la Asociación de los Amigos de San Antón, que aquí tiene su sede, cada vez está mejor cuidado. La tradición dice que aquí se enterró Fernando IV el Emplazado, aunque lo único cierto es que aquí se veló su cadáver. También fue este el lugar donde se bautizó a Maximiliano de Austria, primo del emperador Carlos I.

 

Al Arco de San Lorenzo se accede por una puerta de la época y, subiendo una escalerilla, se llega a una capilla de cuya bóveda pende un colgante de yesería con lámpara votiva. Las paredes están cubiertas por un espléndido zócalo de alicatado mudéjar, así como la mesa del altar con estrellas de veinticuatro puntas; sobre la mesa un nicho rebajado, también con decoración mudéjar, donde se alberga un buen crucifijo. Por una puerta pequeña de arco ojival se accede a la escalera que conduce a la segunda planta, ocupada por un magnífico salón de cúpula ojival que tiene un arco de yesería con inscripción árabe, varios escudos nobiliarios y nichos con alicatados moriscos.
Por la calle Madre de Dios, donde queda uno de los rótulos más antiguos de los que se usaron para designar las calles, llegaremos a la Calle Maestra. Casi enfrente de donde hemos llegado se encuentran los restos del Palacio del Condestable de Castilla Miguel Lucas de Iranzo, que fue nombrado por su íntimo amigo Enrique IV de Trastámara. El edificio ha pasado por muchas manos y parece que ahora llega a las de Institución responsable, que lo restaurará. (Espero que cuando usted lea este itinerario esté ya terminada su restauración). De todas formas, salvo sorpresas de última hora, sólo queda de su esplendor pasado las arcadas góticas de jardín interior. El gran salón conserva un magnífico artesonado mudéjar y, en una de sus paredes, restos de una gran portada también mudéjar. En un salón contiguo el artesonado es de ruedas de lacería. Y aún queda un tercero cuyo artesonado es de motivos florales.

El lateral de este Palacio que da a la Plaza de la Audiencia, y hasta hace no mucho fue cine, tuvo una decoración de estilo regionalista sevillano muy en boga en los años veinte.

IGLESIA DE SAN ILDEFONSO

Sigamos por la calle Maestra, convertida en peatonal, donde podremos ver dos lápidas que recuerdan a dos escritores naturales de Jaén. En el número diecinueve, a Ricardo García Requena, combativo periodista del siglo XIX que pasó por distintos partidos políticos; y en el dieciocho, a Bernardo López González, poeta, del que se recuerda sobre todo su Oda al Dos de mayo, aquélla que empieza diciendo: "Oigo Patria tu aflicción...".

Siguiendo la calle hacia su principio, a mano izquierda bajaremos por la calle del Consuelo, donde encontraremos el Arco del Consuelo, en cuyo lateral derecho existe un nicho con un óleo de Nuestra Señora del Consuelo, y enfrente una pequeña capilla con altar donde se guardaban estandarte y faroles que acompañaban al Rosario público. También las tablas de indulgencias y una inscripción que recuerda un suceso: un intento de profanación de la pintura de la Virgen. (La parte del altar suele estar resguardada por unas puertas para evitar nuevas profanaciones). Sigamos por Cerón para, de nuevo, salir a la plaza de San Francisco, bajar por Bernabé Soriano, la que fuera arteria principal hasta los años sesenta, donde volvemos a encontrar edificios modernistas. Torceremos a la derecha por la calle Ignacio Figueroa para alcanzar la plaza de San Ildefonso, en la que se levanta sobre una columna una imagen en mármol blanco, de la Inmaculada Concepción, monumento reciente del escultor Amadeo Ruiz Olmos; y la Iglesia de San Ildefonso, de origen medieval y hasta donde llegó la segunda ampliación de la muralla árabe para proteger aquel arrabal, que se había poblado en exceso. Su primer dato histórico es de 1248. Sus muros más antiguos son los norte y este, donde aparece cegada su puerta primitiva, con una composición gótico Isabel que ha sido restaurada posteriormente con un mosaico de Santiago Pedrós.
El muro norte presenta robustos contrafuertes semicirculares en forma de torreón; entre ellos se abre una formidable portada renacentista de Vandelvira: sobre el arco de medio punto, alegorías paganas de la abundancia y sobre ellas un relieve con la imposición de la casulla a San Ildefonso, flanqueado por columnas corintias que sostienen un triángulo con el Padre Eterno en el centro; en los laterales, escudos del obispo Pacheco que mandó levantar la Iglesia. La fachada principal es neoclásica, proyecto de Ventura Rodríguez.
El interior es de planta de salón con tres naves de pilares compuestos que sustentan arcos apuntados. Pi y Margall sostiene que es un gótico final. El Tabernáculo es barroco, de Pedro Duque. La Capilla del Bautismo, cuadrada, está cubierta por media naranja con claraboya cenital, decorada con dibujos de yesería; hay un pequeño retablo neoclásico y un óleo del bautismo de Cristo. El cerramiento es una reja procedente del presbiterio, del maestro Joseph del Alcázar. La capilla siguiente, a la derecha, alberga los pasos de la cofradía de la Vera Cruz y María Santísima de los Dolores, fundada en 1541 y es la primera cofradía de Pasión que se funda en Jaén. Sus imágenes son recientes. Encontramos después el altar, en mármol rojo como el frontal de la Oración del Huerto, imagen también reciente; luego otro altar, también en mármol rojo, de la Virgen del Pilar y la puerta de la Sacristía, de madera con talla de estrellas poligonales.

La capilla de la patrona de la ciudad de Jaén, la Virgen de la Capilla, tiene una nave lateral por detrás del presbiterio. El testero es un retablo barroco en el que un altorrelieve se refleja la procesión del Descenso de la Virgen a Jaén en 1430 (ver Ruta Religiosa). Sobre éste, el camarín de la Virgen donde está la talla vestida, aunque es bidimensional, ya que esta talla debió formar parte de algun retablo antiguo. En el lateral izquierdo de la capilla hay una hornacina cerrada con puertas de acero, en cuyo interior, en cofre de plata, se encuentra el documento notarial que narra el Descenso de la Virgen a Jaén. Está decorado con cinco medallones: el escudo de Jaén, la Anunciación, el Descenso, la Presentación y el escudo de la Cofradía. La devoción popular a la Virgen de la Capilla ha ido acumulando ofrendas, en algunos casos muy valiosas, pero no se conservan todas por las rapiñas de las guerras. De todas formas hay que destacar la colección de veintiún mantos para vestir la talla, las coronas de la Virgen y el Niño, modernas, que sustituyen a las robadas en la última guerra, con siete quilos de peso: tres y medio de oro y el resto de plata. En ella están grabadas los escudos de Jaén, de la Cofradía, del obispo del Descendimiento Gonzalo de Zúñiga, del obispo de la Coronación Manuel Basulto, y del de la Recoronación Rafael García. (Normalmente tiene puesta la de "diario"). A destacar también el frontal de plata del altar, el trono también de plata, como también de plata son la lámpara donada por el Ayuntamiento, la Cruz del altar, los candeleros, sacras, rostrillo y media luna.

En la antesacristía y en la sacristía, que ofrece una interesante labor de yesería en la bóveda, se guardan cuadros, tres sitiales de coro barrocos, y objetos de culto, algunos de gran valor.

Saliendo por la puerta norte y bajando por la calle Reja de la Capilla y Aranda llegamos a la de las Bernardas al final de la cual está el Convento de la Concepción Fransicana, conocido popularmente por "las Bernardas", que fue fundado en 1588. Su portada monumental, toscana, con hornacina en la que hay una imagen de la Purísima, da acceso a un patio por el que se entra a la Iglesia a través de un arco flanqueado por columnas toscanas que centra una puerta adintelada y, sobre ella, una hornacina con la imagen de Santa Clara. La Iglesia, con planta de cruz latina, es de una gran sobriedad. La bóveda de cañón se cubre en el crucero con media esfera sobre pechinas, decorándose con el escudo del obispo de Troya sostenido por águilas. El retablo es barroco temprano de orden corintio decorado con pinturas. Adosada al Convento está la Fuente de la Alameda, pilar abrevadero de dos caños, restaurada por Berges Roldán, presidida en la parte superior por un escudo imperial, procedente de las antiguas Carnicerias. (La parte inferior está en la calle del Arco de los Dolores). A los lados restos de la inscripción de las Carnicerías: "Esta obra se inició y acabó bajo el reinado del muy invicto emperador Carlos Quinto. Año 1549..." y "Gonzalo... Fernández administraba justicia cuando se os preparó esta insigne carnicería. Calendas de Agosto...".

En la calle Adarves Bajos y apoyada en el Convento de las Bernardas, la Puerta del Ángel o San Miguel, la única de la ciudad que ha llegado hasta nosotros. Presenta un breve portal; es de arco de medio punto de enormes dovelas sobre el que descansa un friso en cuyo centro una cartela rectangular dice: " La ciudad mando hazer/ esta puerta siendo corre/ gidor el señor D. A...O...So/ B...E...Amo...Cavallero de la/ Orden de Calatrava/ hijo de la señora A...Chro.../ O... Co Comisario... Año 164.../". Sobre ella hornacina con la imagen de San Miguel. Coronan los vértices laterales esferas de piedra y el vértice central, cruz de hierro.
Si desea descansar entre árboles y flores y observar una bella panorámica, adéntrese en la Alameda. Está a la salida de la Puerta a la derecha. En verano es un auditorio municipal donde se celebran conciertos y representaciones teatrales. Allí están también monumentos dedicados a hijos ilustres de la tierra: a Bernardo López, busto en bronce de Jacinto Higueras; a Bernabé Soriano, médico, bronce sedente en silla de piedra; y a Antonio Almendros Aguilar, poeta, figura en bronce de pie en actitud declamatoria.

Habrá observado que en estas cercanías está la plaza de toros; es una reconstrucción de la primitiva que se edificó en 1846. Esta plaza cierra la temporada taurina española en la Feria de San Lucas, el 18 de octubre. Entre los festejos de esta feria suelen ser importantes los concursos hípicos que tiene lugar en el Campo Hípico, un poco mas abajo de la Plaza de Toros. Suba por la Avenida de Granada, aunque no vea mas que edificios modernos y algunos de pésimo gusto: está recorriendo el último trazado de la muralla que fortificaba Jaén: los Adarves, cuya calle dejamos atrás, como la Puerta del Angel, el destruido portillo de San Jerónimo, para llegar a la también inexistente Puerta de Barrera, nombre que los más antiguos dan a la confluencia de la Avenida de Granada con la de Madrid.

Inicio

 

JAÉN MONUMENTAL II

 

Vamos a comenzar nuestro segundo recorrido a pie por Jaén. Lo iniciamos en la Plaza de Santa María y, en esta ocasión, nuestro periplo tiene como objeto conocer la Catedral y el barrio que la circunda.

La Plaza de Santa María ha sido durante muchos años, por no decir siglos, el vértice de la vida giennense, que actualmente se ha ido desplazando hacia el ensanche que tiene como eje el Paseo de la Estación. Sin embargo todavía encontrará por las mañanas y al atardecer muchas personas, preferentemente hombres, que toman el sol en esta plaza, o se refrescan cuando éste ha desaparecido.

Enfrente de la Catedral hay dos palacios: el del Ayuntamiento y el Episcopal. Al lado de éste, y haciendo esquina con la calle Maestra, una curiosa casa de estilo modernista de escasa altura y de ladrillo rojo y blanco.

El Ayuntamiento es una construcción de principios de siglo, reformada en los años cuarenta, que ocupa el solar de lo que fuera Palacio de Montemar que se destruyó para levantar el actual edificio. Sobre el balcón principal el escudo de Jaén. Tienen algún interés la escalera y el salón de sesiones con yeserías de principio de siglo.

A la izquierda del Ayuntamiento y separado por la calle Obispo González, el Palacio Episcopal, construido sobre un palacio del siglo XV y reformado en los años ochenta, respetándose tan sólo la fachada. En ésta, en los laterales de la puerta, escudos episcopales y, rompiendo el frontón, escudo real y, a sus lados, los del obispo Tavera. En el interior se han conservado otros escudos de distintos obispos. El Palacio se prolonga haciendo esquina con la Casa de Provisariato y el Tribunal Eclesiástico.

Subamos por la calle Obispo González, cuyo rótulo de piedra fue costeado por suscripción popular; en la fachada del Obispado que da a esta calle hay también escudos episcopales, así como en el patio, cuya reconstrucción no ha sido muy afortunada. Por la calle Montero Moya, poeta y periodista decimonónico, a la que se accede por tres escalones, llegaremos a casa de noble fachada con arcos de medio punto y patio porticado. Fue construida por el cantero de la Catedral, Fernández Calancho. Al llegar a la esquina encontraremos el torreón del Obispado con otro escudo, en este caso del obispo Marín. En la plazuela, una casa palaciega del siglo XVII, Casa de la Corona, con torre en ángulo y sobre la portada una corona por haber estado allí la recaudación de contribuciones.

Bajando por la calle del Colegio, portada adintelada flanqueada por pilastras toscanas y el escudo del obispo Marín. Daba entrada al Colegio del Santísimo Sacramento donde cursaban estudios eclesiásticos menores los dependientes menores de la Catedral.

Volvamos a la calle Montero Moya para llegar al Colegio de la Compañía de Jesús, que lo fue desde 1614 hasta la expulsión de 1767. Desde ese año ha tenido infinidad de destinos que han ido modificando su estructura. A la calle Compañía se abre la puerta de la iglesia que estuvo dedicada a San Eufrasio (Patrón de la Diócesis), con arco de medio punto sobre el que hay un escudo de Carlos III; en este lateral se realizaron obras en el XIX, como el balcón. En lo más alto escudos de Jaén y de España. A la calle Escuelas o Moreno Castelló, otro escritor y periodista del XIX, presenta esta iglesia otra portada de estilo toscano. De Montero Moya, por Almendros Aguilar hacia la izquierda, salimos a la plaza de la Merced, donde estuvo el antiguo convento de la Merced, convertida hoy su iglesia en Parroquia. Se construyó en 1580 cuando se trasladaron las religiosas desde su primitivo emplazamiento extramuros. La portada de la iglesia es barroca de orden dórico con frontón curvo, sobre el que hay una hornacina que alberga una imagen de Nuestra Señora de la Merced, decapitada; sobre ella un nuevo frontón curvo. El lienzo de la fachada termina en una torre de ladrillo rematado por un cuerpo ochavado. Hay otra portada de estilo toscano. La Iglesia es de planta basilical de tres naves; en las laterales, capillas con hornacinas de diversas advocaciones y santos de la Orden de la Merced. Tiene también un pequeño claustro cuadrado con arcos de medio punto y, en el piso superior, vanos adintelados.

El la plaza de la Merced se encuentra también el Palacio del Capitán Quesada: Fernando de Quesada y Ulloa, Caballero veinticuatro de la ciudad en el siglo XVII. Debido a sus muchos destinos, (colegio de Carmelitas, de Maristas, Caja de reclutas...), su estructura ha sido muy modificada. Conserva la portada adintelada; sobre ella dos tenantes sostienen el escudo heráldico. La torre tiene ventanas germinadas y en sus balcones se pueden aún apreciar restos de medallones y emblemas heráldicos.

También en la plaza de la Merced, encontramos la Fuente Nueva con un cuerpo monumental en el hay dos hornacinas de donde salían dos caños. Remata la fuente un cuerpo con tres escudos: en el centro el de España, a la derecha el de Jaén y el de la izquierda, sin identificar.

Por Merced Baja y Jaboneras llegaremos de nuevo a Obispo González para alcanzar la plaza de Santa María y encontrarnos con la fachada principal de la Catedral.

CATEDRAL

La Catedral de Jaén está edificada sobre una antigua mezquita. Y tras su entrada en la ciudad, Fernando III mandó consagrarla y decir una misa ante una Virgen que la tradición quiere que sea la misma que está en la Capilla Mayor. Las obras comenzaron ciento veinte años después, en 1368, y de ellas no quedan restos. Mas importantes fueron las que mandó realizar un obispo constructor, Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, en 1500. De éstas quedan: la cabecera, concebida como planta de salón, la cenefa gótico flamígera que la adorna en el exterior, y en el interior una escalera de caracol. En 1548 se hace cargo de la obra Andrés de Vandelvira marcando su impronta y la de su época renacentista. La termina cien años después Juan de Aranda. La fachada es obra de Eufrasio López Rojas en 1674. Y, para que no le falte ningún estilo, Ventura Rodríguez añade la Capilla del Sagrario en 1764. El frente y los dos laterales de la Catedral están rodeados de una amplia lonja que cierra una verja de hierro forjada en 1800 según diseño de Manuel Martín Rodríguez. Sobre las tres puertas de acceso de la fachada principal, hay tres relieves: San Miguel, la Asunción (a la que está dedicada la Catedral), de Julián Roldán, y Santa Catalina, de Lucas González. Las estatuas entre las puertas son imágenes de San Pedro y San Pablo. Sobre la balaustrada, nueve gigantescas imágenes, también de Juan Roldán, que representan a San Agustín, San Gregorio Magno, San Mateo, San Juan, San Fernando, San Lucas, San Marcos, San Ambrosio y San Jerónimo.

La Catedral tiene dos puertas más: la norte (a la izquierda), de Juan de Aranda, dedicada a la Purísima Concepción, en la que, derecha e izquierda, hay dos estatuas de Salomón y David; y en los laterales del frontón dos escudos: el de la Catedral y el del Cardenal-Obispo Moscoso que construyó la puerta. Un hombre modesto, Iñigo Fernández de Córdoba, mandó ser enterrado aquí para ser pisado por cuantos cruzaran esta puerta. Era el Dean de la Catedral y murió en 1624.

La Puerta Sur, que se suele abrir menos, pero que es la primera que tuvo la Catedral, la diseñó el propio Vandelvira y tiene un altorrelieve de la Asunción; en los laterales del arco dos alegorías de la Piedad y la Religión.

Entremos en el templo por una de las dos puertas laterales de la fachada principal. (La central no se abre más que en las grandes solemnidades o cuando el viento sopla con furia como el día de Navidad de 1821). Lo primero que vemos es el trascoro, que rompe absolutamente el estilo de la Catedral. Fue diseñado en 1791 por José Gallego, y está dedicado a la Sagrada Familia, según lienzo de Maella. En los laterales, imágenes de Santo Toribio de Asturias y San Lorenzo. Delante de las pilastras, imágenes en mármol blanco, de Santa Catalina, de la Inmaculada, de San José y de Santa Lucía. Debajo de la cornisa, alegorías de la Virgen; sobre ella un medallón en cuyo centro hay un triángulo con el nombre de Dios escrito, en letras de oro, en hebreo.
Comencemos el recorrido de las capillas iniciándolo por la nave de la izquierda según hemos entrado:
CAPILLA DE SAN JOSÉ. A la izquierda óleo del siglo XVII de la Sagrada Familia; en el centro retablo clásico del siglo XVII, en cuyo centro hay una talla policromada de San José con el Niño. Sobre ellos un Crucificado; a la izquierda San José, San Juan Bautista, y San Cristóbal; a la derecha San Francisco, ............. y San Agustín.

CAPILLA DE LA VIRGEN DE LA CORREA. A la izquierda, óleo barroco de la Anunciación; en el centro, retablo neoclásico imitando mármol, con un crucificado del siglo XVI; sobre la mesa del altar, Nuestra Señora de la Correa, imagen del siglo XVIII policromada; a la derecha retablo barroco del XVIII con un óleo de la Santa Cena.

  CAPILLA DE SAN PEDRO PASCUAL. A la izquierda Cristo atado a la columna; en el centro retablo neoclásico de San Pedro Pascual, obispo que fue de Jaén que fue hecho prisionero en Granada y que siempre que se entregaba rescate por él prefería se librara con aquel dinero a otros cautivos, finalmente fue martirizado en 1300. En la mesa del altar, imagen de la Virgen de la Cabeza, Patrona de la Diócesis; a la derecha retablo neoclásico con imagen de Santo Toribio.

CAPILLA DE SAN MIGUEL. Barroca, de 1761. A la izquierda San Miguel; los cuadros de la parte inferior aluden a San Rafael; en el centro, retablo con lienzo de San Miguel luchando con Lucifer; debajo, pintura de la Virgen del Alcázar, Patrona de Baeza; a la derecha, San Gabriel.

Hemos llegado al crucero y a la puerta norte, desde donde se puede acceder a la Parroquia del Sagrario. Sobre la puerta, altorrelieve de la Circuncisión y de la Purificación de la Virgen, de Alonso Cano (1642).

CAPILLA DEL NIÑO JESÚS. A la izquierda, óleo barroco del XVII: El Papa recibiendo las reglas de San Francisco de Paula; en el centro, retablo neoclásico con talla barroca del Niño Jesús; en el cuerpo central, dos esculturas de madera: Cristo con cruz y libro y San Diego de Alcalá; en la parte central, un óleo de Soriano cuyo motivo es la Circuncisión; a la derecha óleo de la Inmaculada. A la entrada, lápida de mármol de la sepultura del obispo Castellote.

CAPILLA DE LA INMACULADA. A la izquierda, óleo de la escuela barroca andaluza, de San José; en el centro, retablo clasicista de tres calles: en el banco, en bajo relieve, Visión de Jerusalén; en el cuerpo central, óleo de la Inmaculada, del XVIII; en los laterales, lienzos de San Joaquín y Santa Ana; en el ático, lienzo de Esther con el rey Asuero; a la derecha, una talla del Beato José Oriol. A la entrada, sepultura del obispo González.

CAPILLA DE SAN EUFRASIO. A la derecha, retablo con pintura de la Virgen con el Niño; en los laterales, San Esteban y San Miguel luchando con Lucifer; en el ático la Anunciación y en los laterales y centro la Crucifixión; en el centro retablo de San Eufrasio, Patrón de la Diócesis, original de Gregorio Manuel López en 1790. El tema central es la apoteósis del Santo. En las calles laterales, San Julián de Cuenca, con cesta de mimbre, San Agustín y San Antolín; en la mesa del altar urna con los restos de San Pío Mártir, donados por el Papa Pío VII al obispo Rubín de Ceballos, cuya sepultura se encuentra a la entrada de la Capilla. Desde esta Capilla se puede acceder a la escalera de caracol renacentista de la que hablábamos al principio como uno de los pocos restos que quedan de la primitiva catedral que mandó hacer el Obispo Alonso de la Fuente del Sauce. Y así llegamos al testero, la parte más antigua de la Catedral.

CAPILLA DE SAN FERNANDO. Retablo neoclásico de Manuel López. El cuadro central representa a San Fernando con vestiduras reales rodeado de ángeles y al fondo una ciudad que pudiera ser Jaén. Se atribuye a Valdés Leal. A la izquierda, la Ascensión de la Virgen y, en la parte inferior, un obispo y algunos clérigos inspeccionan el sepulcro en el que fue colocado el cuerpo de la Virgen. A la derecha San Fernando, de rodillas, contempla a la Virgen en el Cielo. Los medallones representan a los evangelistas. Las imágenes son alegorías de la Diligencia y la Constancia. En esta capilla está la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, la imagen más venerada por el pueblo, que lo llama cariñosamente "el Abuelo". Es una talla articulada y policromada, aunque está siempre vestida con una túnica de terciopelo morado bordada en oro, donada por la Marquesa de Blanco Hermoso en 1869. La cruz es de Palo Santo. Las espigas y aceitunas, de plata, fueron donadas por la Confraternidad de Labradores en 1859 por haberse remediado un sequía. Las llaves son copia de las que le fueron ofrecidas por la Ciudad en 1681.

CAPILLA MAYOR O DEL SANTO ROSTRO. Su decoración es de Juan de Aranda. El testero lo ocupa un gran retablo. En el primer piso cuatro imágenes exentas, estofadas y doradas, de San Bernardo, San Pedro, San Pablo y San Antonio Abad, del giennense Sebastián de Solís. En las calles laterales del retablo, dos lienzos: Encuentro de la Virgen con Jesús camino del Calvario, y Cristo despojado de sus vestiduras.

Encima de la cámara donde se guarda el Santo Rostro (del que hablaremos más adelante), un nicho que alberga la imagen sedente, de factura gótica, de la Virgen de la Antigua, dando el pecho al Niño; está vestida. Es la Patrona del Cabildo Catedral. La tradición quiere que ésta sea la Virgen ante la que San Fernando mandó decir la primera Misa en la Mezquita sobre cuyo recinto está edificada esta Catedral.

En el segundo cuerpo del retablo un altorrelieve ovalado de la Asunción de la Virgen; a la izquierda, lienzo del Descendimiento y, a la derecha, Cristo atado a la columna. El ático es un Calvario; a los pies del Crucificado, la Magdalena, a la izquierda la Virgen y a la derecha San Juan. En los extremos, alegorías; a la izquierda, la Fe y la Esperanza y, a la derecha, la Caridad y la Religión. En los muros laterales dos lienzos: una copia de la Anunciación de Cellini y la Visitación de Santa Isabel.

En esta Capilla no hay ningún enterramiento bajo tierra, pero sí en la cajonera, en cuyo cajón inferior está la momia del obispo Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, revestido de pontifical y con un libro. Falleció en 1522 y permanece insepulto por un pleito entre sus herederos y el Cabildo. Aquellos pretenden que vuelva el cadáver a donde estuvo hasta la realización de unas obras en la Capilla Mayor, y el Cabildo entiende que nadie debe enterrarse en esta Capilla. Y así siguen desde 1664. Añadamos que, aunque el epitafio dice que murió en 1522, parece que la verdadera fecha fue 1520 y que las vestiduras y el libro no son las originales; aquellas desaparecieron en 1876 y entonces se pusieron las actuales.

Pero la verdadera joya de esta Capilla es el SANTO ROSTRO. La tradición y algunos documentos catedralicios afirman que es uno de los tres pliegues del paño con que la Verónica enjugó el rostro de Jesús cuando iba camino del Calvario, y que aquí se guarda desde que lo trajo San Eufrasio, salvo los interregnos de la dominación musulmana y de los años 1936 a 1940, cuando se encontró con otras joyas en un baúl depositado en un garaje de Villejuif-Bicètre, entonces un pueblito cercano a París. Según tres pintores que examinaron la reliquia en 1730, tiene alguna pincelada en el perfil del rostro, pero no en la cara donde no percibieron imprimación alguna y aseguraron que era Obra Sobrenatural. Esta reliquia está enmarcada en plata con piedras preciosas engastadas, coronada por un lazo de diamantes. Se guarda en una urna de plata que se abre en dos puertas; en cada una de ellas los relieves de seis apóstoles y, encima de ellas, los relieves de los rostros de Cristo y la Virgen. En las esquinas, estatuillas de los cuatro evangelistas.

Esta reliquia no sale de su "caja fuerte" más que los viernes, el Viernes Santo y la festividad de la Asunción, fechas en que es mostrada a los fieles, que pueden obtener indulgencia plenaria. Con ella se bendicen el Viernes Santo y en la Asunción, la ciudad y sus campos desde las galerías altas de la Catedral, que incluso tiene unas señales para que el Obispo sepa desde donde debe impartir la bendición para no cambiar la tradición. En ocasiones señaladas por visita de personalidades o por peregrinaciones también sale de su relicario en días diferentes.

CAPILLA DE SANTIAGO. El testero central lo ocupa un retablo neoclásico, en cuyo primer piso lleva esculturas de Santo Tomás de Villanueva: la de la izquierda con túnica y bonete, y la de la derecha con hábitos negros orlados de oro. En el centro, Santiago Matamoros. En el último piso, escultura de San Judas Tadeo; en el centro, óleo de la Virgen del Pilar y, a la derecha, San Andrés; coronado todo por rayos que rodean el anagrama YAVE. En el testero derecho se abre una puerta que da paso a la Sala Capitular.

CAPILLA DE SAN BENITO. A la izquierda, lienzo de la Santa Faz y, encima, otro con San Benito, la Virgen y la Trinidad, del siglo XVIII, rematado por talla de la Inmaculada; en el centro, imagen de San Benito; alrededor del nicho, medallones policromados con escenas de la vida del Santo y, encima, el escudo del obispo Fray Benito Marín, cuyo enterramiento tiene lápida de mármol rojo; a la derecha lienzo con escena de la vida del Santo y, en el ático, altorrelieve de la Virgen, San Benito y un obispo arrodillado.

CAPILLA DE SANTA TERESA. A la izquierda, óleo de la Santa que se inspira en la que pintó fray Juan de la Miseria, (que vivió en una cueva no lejos de la Catedral); en el centro, retablo barroco con una talla de la Santa, San José a la izquierda y, a la derecha, San Roque; en el ático la Inmaculada. Rodeando el retablo, frescos de Pancorbo: esponsales de Santa Teresa, Muerte de la Santa, y Protección de la Santa a la Orden; en la parte inferior Visión de la Pasión y Transverberación de la Santa.

CAPILLA DE LA VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS. A la derecha, Calvario; en el frente, retablo neoclásico con altar de mármol rojo, con talla de la Virgen de las Angustias y dos ángeles llorando, de José Mora; encima, un cuadro de San Pedro Pascual. Hemos llegado al crucero y encontramos la puerta Sur. Sobre ella hay un altorrelieve del Nacimiento y Adoración de los Magos, original de Luis Aguilar en 1564.

CAPILLA DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES Y SANTO SEPULCRO. A la izquierda, Calvario; a continuación de la mesa del altar, de mármol rojo, urna con Cristo Yacente. Encima, cuadro de la Transfixión de la Virgen, de Pancorbo, como todos los demás, con el Descendimiento, los evangelistas y los profetas.

CAPILLA DE SAN JERONIMO. Retablo neoclásico con pintura de San Jerónimo, de José Antolínez; sobre el altar, Virgen de los Dolores; a la derecha lienzo de San Juanito.

CAPILLA DE SAN SEBASTIAN. Lienzo del giennense Sebastián Martínez; a la izquierda retablo barroco de San Juan Nepomuceno.

CAPILLA DEL CRISTO DE LA BUENA MUERTE. El Cristo es de Jacinto Higueras. En el testero izquierdo, retablo barroco con pintura de Santo Domingo de Guzmán, del giennense Pancorbo; a la derecha, una copia de La Adoración de los Reyes de Rubens.

PRESBITERIO. Vayamos ahora hacia el presbiterio. Está rodeado de gradas sobre las que se eleva la mesa del altar, de mármol blanco con embutidos de rojo, sostenida por gradas de mármol rojo. El Tabernáculo, de Pedro Arnal de finales del XVIII, tiene dos cuerpos; el primero, de seis ángeles, sostiene un paño de bronce que deja un hueco sobre el que se levanta el manifestador con ocho columnas salomónicas y cupulilla rematada por cruz de cristal y jaspe. Hay que destacar los candelabros de setenta luces hechos en 1904. La reja es del Hermano Clemente Ruiz, de mediados del siglo XVII.

Una de las curiosidades de esta Catedral es el Coro, construido por José Gállego y Oviedo del Portal, de la escuela de Churriguera, tanto por su longitud como por sus 122 asientos, 53 bajos y 69 altos, y los bancos corridos para los caballeros de la Ciudad, que se tallan a partir de mil quinientos por Gutierre Gierero, López de Velasco, y Gujano, siguiendo las instrucciones del obispo Alonso Suárez de la Fuente del Sauce (el insepulto), hasta 1746. Resulta muy difícil, por no decir imposible, averiguar de quién es cada talla. Coronando la sillería alta, 62 tablas con escenas del Antiguo Testamento.

Al Coro se accede por la "vía sacra" que lo une por doble baranda al Altar Mayor, o por cuatro puertas, de dos en dos, en los laterales. Las dos primeras al final de la sillería para las autoridades civiles. Cada puerta tiene además otras tres, más la que da al exterior: de las dos del interior, la de la derecha, da a una estancia o cuarto trastero, y la de la izquierda lleva a una escalera de caracol que sube a la balaustrada. En el suelo hay sepultados trece obispos.

En la balaustrada hay dos órganos. Del más antiguo solo queda el armazón de la caja. El que se usa actualmente es de 1780, reformado en 1925 y en 1943, pues durante la guerra del 36 se desarmaron sus tubos para sacarlos por las balaustradas exteriores y las torres, para que la aviación creyera que eran cañones antiaéreos. De la importancia del primitivo órgano nos da idea de que en él compusieron e interpretaron algunas de sus obras dos glorias de nuestra música: Francisco Guerrero y Francisco Correa de Arauxo.

La BOVEDA del crucero es también obra de José Gállego. Está sostenida por cuatro pechinas con relieves de los cuatro evangelistas, sobre las que hay un doble anillo en el que se labraron advocaciones de la Virgen separadas por dobles cartelas. Sobre el anillo, ocho figuras de angeles con instrumentos musicales, separados por dobles radios que llegan hasta el casquete, donde hay un altorrelieve de la Asunción de la Virgen.

SACRISTIA. Se accede por la antesacristía, por el crucero ante la puerta Sur, entre las capillas de la Virgen de las Angustias y de la Virgen de los Dolores. A la derecha de la Puerta están las que dan acceso a las galerías altas que guardan el archivo de la catedral y al Panteón, actualmente Museo Catedralicio, y a la izquierda la entrada a la Sacristía, una muestra más del genio de Vandelvira. Tiene una extensión de 22 por 12 metros, con dieciséis arcos que se apoyan en ochenta columnas, de ellas treinta y seis exentas. Entre su mobiliario, que guarda los ternos del culto, un retablo-relicario, de Alonso de Mena de principios del XVII, con reliquias; entre otras de las Once Mil Vírgenes de Colonia, San Bonoso y San Mauricio. También podemos destacar un reloj neoclásico de Antonio de Molina.

SALA CAPITULAR. Se accede a ella desde la Capilla de Santiago a través de una pequeña antesala. A esta Sala Capitular se la llama también Capilla de San Pedro de Osma, y está decorada con pilastras jónicas que marcan tres tramos de arcos de medio punto, y su bóveda es cañón ornamentada con recuadros. El retablo del testero, de Pedro Machuca de 1546, tiene tres cuerpos. En el inferior, Padres de la Iglesia: en el central, San Pedro de Osma, a su derecha San Pablo, a su izquierda San Pedro y en el superior la Virgen de la Piedad con orantes: a su derecha San José y a su izquierda San Juan. Todo ello coronado por un toldo de la Verónica con el paño del Santo Rostro.

MUSEO CATEDRALICIO o Panteón de Canónigos. Se accede desde la Antesacristía por una monumental escalera, obra de Vandelvira, como la cripta; al final de ella y a un costado, un arco de bóveda que se apoya en triple arco. Se entra al Museo propiamente dicho por un arco de medio punto sobre columnas jónicas adosadas; a los lados figuras alegóricas que sostienen palma y laurel y, encima del arco, ángeles tenantes que sostienen el escudo del obispo Tavera.

El Museo tiene tres salas con pinturas de los siglos XVII y XVIII, esculturas (la de San Agustín con cabeza articulada) de Pedro Roldán, renacentistas y del siglo XIX, y un descendimiento de alabastro; el tenebrario es del Maestro Bartolomé y, también atribuidos a él, el hachero del cirio pascual, los libros corales de la primera mitad del siglo XVI con miniaturas de la escuela granadina, las capas y casullas del XVI al XVIII, el bargueño-relicario de Santa Cecilia y fragmentos de un retablo renacentista entre otras obras de interés, que no detallamos puesto que a la entrada se ofrece un catálogo de mano.

GALERIAS ALTAS. También por la antesacristía se puede subir a las Galerías Altas, que se han acondicionado en los años sesenta y ochenta. Albergan la sala de los retratos de los obispos giennenses, los archivos Histórico y Diocesano y la Biblioteca Capitular, en la que se pueden admirar libros corales, misales y el "Misal Giennense", -puesto que esta diócesis tuvo rito propio-, que es un incunable gótico con xilografías.

PARROQUIA DEL SAGRARIO. Aneja a la Catedral y como Parroquia, está la Capilla del Sagrario. A ella se llega por la lonja, muy cerca de la puerta norte. El proyecto definitivo es de Ventura Rodríguez. Se comenzó en 1764 y se abrió al culto en 1801. La portada es adintelada con frontón curvo entre enormes columnas corintias; sobre él una ventana; más arriba, balaustrada y, sobre ella, esculturas de San Miguel, San Pedro y San Pablo y alegorías de la Caridad, la Gracia, la Inocencia, y la Sabiduría. Dando a la calle Campanas y en la fachada oriental, Melquisedec, Sansón, Isaac y David. La planta es ovoidal precedida de un pequeño atrio rectangular. El muro se trocea en tres partes separadas por columnas corintias. La bóveda, elíptica, lleva linterna decorada con casetones hexagonales y ocho óculos flanqueados por parejas de ángeles. Sobre el coro, media naranja sobre pechinas decoradas por ángeles. Además del Presbiterio, tiene dos altares laterales: el derecho dedicado a San Pedro Pascual -recordemos que fue obispo de Jaén- en un óleo de Zacarías González enmarcado en mármol rosa; y el de la izquierda es un Calvario o la Agonía del Señor, de Manuel Martín Rodríguez.

El Presbiterio tiene un tabernáculo neoclásico de planta semicircular con cuatro columnas corintias de jaspe, entablamento y cupulín en mármoles polícromos y adornos de bronce. El óleo de Salvador Maella está dedicado a la Asunción de la Virgen. Es casi idéntico, aunque de mayor tamaño, al que está en el Museo del Prado, salvo en la disposición del Angel que abre el sepulcro, que aquí está a la izquierda .

En la Sacristía hay diversas pinturas de distintas épocas y desigual interés, así como orfebrería de algún mérito. Bajo la Iglesia se encuentra la cripta que sirvió como cementerio parroquial hasta 1829. En 1940 se remodeló para que sirviera de enterramiento a los 328 civiles y sacerdotes que, sacados de las cárceles y de la Catedral, -que también sirvió de prisión-, fueron asesinados cerca de Madrid el 11 de agosto de 1936, así como a los fusilados, como represalia al bombardeo de Jaén ordenado por el general Queipo de Llano, el 2 de abril de 1938. Los nombres de todos ellos y los de los 127 sacerdotes asesinados en Jaén durante la Guerra Incivil están grabados en lápidas en el crucero y paredes de la cripta.

En el atrio del altar, una lápida de mármol negro cubre la sepultura del obispo Basulto, -que murió entre los que iban en el llamado "tren de la muerte"- y que no llegó a Madrid con una lauda grabada. En el Altar Mayor, el Cristo de los Caídos, de Jacinto Higueras (1940). En el lateral del Evangelio, un fresco de Rafael Hidalgo de Caviedes de 1945: Triunfo de los Mártires.

BARRIO DE LA CATEDRAL

Bajemos por la calle Campanas hasta alcanzar la plaza de San Francisco para seguir a mano derecha por el callejón de Valparaíso, donde podremos observar los únicos restos góticos de la catedral que mandó construir el obispo de la Fuente del Sauce: una extraña figurilla en la arista de los dos muros y una cenefa gótico florida, además de las marcas de los canteros, único sitio donde se pueden apreciar.

Por el callejón llegaremos al Palacio de los Vilches, actual sede del Colegio Oficial de Arquitectos, alzado por Alfonso Vélez de Mendoza, veinticuatro de la ciudad. Aunque según el Dean Mazas es gótico, su fachada está fachada en 1630. Al jardín dan tres arcos de medio punto que cobijan un pequeño pórtico; en el primer piso, entre ventanales adintelados, dos magníficos escudos.

Bajemos por la llamada calle de las Almenas, en recuerdo del muro almenado que tenía el Palacio, para llegar a la calle Ramón y Cajal, en cuyo número 12 está el Palacio de los Cobaleda Nicuesa, a caballo entre los siglos XV y XVI. En su portada dos tenantes sostienen el escudo sobre el balcón principal. La puerta que da paso al zaguán tiene una interesante cancela del siglo XIX por la que se accede a un buen patio. En la segunda planta hay un oratorio con yeserías del XVII. Toda la casa tiene buenas obras de arte propiedad de la familia Bonilla y Mir. D. José Antonio, que falleció en 1989, fue durante muchos años presidente del Instituto de Estudios Giennenses y propulsor de cuanto fuera bueno para Jaén.

Bajando un poco y a la derecha llegaremos a la calle Francisco Coello, conocida popularmente por la calle Llana, en la que encontraremos una serie de casas señoriales dignas de mención: como el número diez, y el doce en cuya fachada hay un escudo nobiliario. Un poco más adelante, en los números nueve y once, está el Palacio de Marqués de Blanco-Hermoso, un edificio reconstruido, pero que ha conservado la portada, las pilastras y parte del interior. También merece la pena observar los números quince y diecinueve, así como el catorce. En el treinta y siete está la que fuera casa del arquitecto Eufrasio López de Rojas. Subamos por la calle García Requena, periodista, más conocida por los antiguos por Recogidas, donde se encontraba la hornacina del Cristo de Burgos, de las tres potencias o del Señor de los Tres Huevos, los que se encuentran a los pies de la Cruz. Su culto se mantenía desde mediados de mil seiscientos. Cuentan que un anciano fraile pidió albergue en aquella casa y sus propietarios, muy pobres, sólo le pudieron ofrecer para comer tres huevos. Al amanecer el fraile había desaparecido, los huevos estaban intactos y en la pared había un crucifijo. El trafico y el "modernismo" la han hecho desaparecer. En esta calle, de gran pendiente, encontraremos dos buenas casas con fachadas de piedra y escudo nobiliario, probablemente del siglo XVIII, y saldremos a la Calle Juan Montilla, donde todavía se conservan restos de la muralla y el torreón del Conde de Torralba, de sillería en la que se abren saeteras, restaurado en 1972; y también el Arco de los Dolores con restos de la muralla y portadas interesantes. Y a la izquierda el convento de las Carmelitas Descalzas (Juan Montilla, 27) que custodian el manuscrito de la última redacción del Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz.

CASTILLO DE SANTA CATALINA

Para tener una vista de general de la Ciudad, y aun de parte del Reino, suba al Castillo de Santa Catalina. Un buen consejo es que lo haga en automóvil, pues además la carretera no es mala. 

Jaén tiene un hermoso castillo donde, si usted es imaginativo puede dormir con aire acondicionado, y digo si usted es imaginativo porque las piedras del Parador Nacional, aunque semejan antiguas, son de 1965; de todas maneras en este solar estuvo la primitiva fortaleza. Lo que queda de la antigua es conocido por Castillo de Santa Catalina, por que quiere la tradición que el día de Santa Catalina, 25 de noviembre, fuera el de la conquista de la fortaleza por Fernando III en 1246. La leyenda es bonita, pero no hay ni un solo documento que la pruebe, lo que hace pensar que Jaén no fue conquistado por las armas cristianas, sino por el acuerdo de dos reyes. Lo que hoy se conserva es el llamado "Castillo Nuevo" que Fernando III mejoró sobre la alcazaba existente. También el Condestable Miguel Lucas de Iranzo hizo obras de consolidación, doscientos años después,y los franceses también pusieron su granito de arena en el siglo diecinueve, aunque luego destruyeron lo hecho y alguna cosa más antes de huir. Otra vez se retocó con motivo de las guerras carlistas por miedo al general giennense Miguel Gómez, que anduvo por estas tierras, y otras muchas, defendiendo Dios, Patria y Fueros frente a los "liberalotes".

El Castillo o Alcazaba no tenía más que una entrada en las murallas, a media ladera, por la que ahora puede pasar cómodamente en coche. A lo que queda en pie del castillo se puede entrar -si le dan el oportuno permiso y la llave en el Ayuntamiento- por una puerta ojival que tras un zaguán, da paso al Patio de Armas. A la derecha está la Torre del Homenaje que tiene una altura de cuarenta y siete metros y ventanas ajimezadas. Unida a esta Torre se encuentra otra, la Torre de las Damas, ambas con vestigios del estilo gótico castrense.

Siguiendo la Barbacana almenada llegaremos a la Torre Albarrana, en cuyo interior se alberga la Capilla de Santa Catalina, donde Fernando el Santo hizo decir la primera misa tras tomar posesión de la fortaleza, capilla que fue durante muchos años parroquia y que tuvo unos frescos sobre la vida del obispo giennense San Pedro Pascual, que prefirió seguir prisionero en Granada confortando a los otros cautivos cristianos a ser rescatado. Al final el rey granadino se cansó de aguantar sus predicaciones y le mandó cortar la cabeza, en 1302.

A poca distancia de esta torre hay otra Torre Albarrana, desde donde continúa la Barbacana para unirse a otra torre, la de la Atalaya, de forma pentagonal que es la última del Castillo. De allí vuelve la muralla a la Torre del Homenaje con lo que queda cerrado el recinto. Según Madoz "tuvo pabellones para la oficialidad y habitación para dos mil hombres de defensa".

Inseparables del Castillo son las murallas que protegían el núcleo habitado. Bueno... lo que queda de ellas. Que si no servían para nada, que si eran un nido de suciedad, que si impiden el ensanche de la ciudad, que mira que casa más bonita se puede hacer con estas piedras... Total, que no quedan prácticamente murallas. Solo el Torreón de la Llana, que no es terreno inmobiliario -por ahora-, a la mitad del cerro; dos torreones y algunos lienzos entre la carretera a Córdoba y la calle Puerta de Martos (derruída ésta en 1865); un torreón en la calle Millán de Priego esquina a Molino de la Condesa; el Torreón del Conde de Torralba, restaurado, en la calle Juan Montilla; y desde allí por la calle Arco de la Puerta de Granada, -puerta que tampoco existe-, subían las murallas del primer recinto. Un segundo recinto amurallado más moderno protegía el ensanche de la ciudad hacia el arrabal de San Ildefonso. Lo único que queda de este segundo recinto es algún muro de la Iglesia de San Ildefonso y la Puerta del Angel que fue construida en 1646.

Dejemos Jaén y su Castillo inexpugnable, gracias al cual se le concedió a la ciudad y sus gentes el honroso titulo de Muy Noble y Muy Leal, Guarda y Defendimiento de los Reinos de Castilla.

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JAÉN RELIGIOSA

Jaén guarda en sus límites una serie de fenómenos que a los creyentes católicos quizá les sorprendan por su número. Sería muy largo y estaría fuera del espacio que nos hemos impuesto describirlos todos. Por ello sólo voy a enumerar algunas de las expresiones de religiosidad que se producen en la provincia.

Si ha entrado por el paso de Despeñaperros habrá podido observar que, a la derecha, hay un pequeño monolito que marca el límite de la provincia con la de Ciudad Real y en él un pequeño bajo relieve con la imagen del Santo Rostro. (Si usted es católico y quiere seguir una antiquísima tradición rece un Credo, al igual que cuando divise las torres de la catedral de Jaén). Apenas haya recorrido unos cuatrocientos metros, también a la derecha, y enfrente de unos jardines aptos para el descanso y para observar el paisaje, podrá descubrir una imagen de la Inmaculada.

LA TIERRA DE MARÍA SANTÍSIMA

Jaén, no podía ser de otro modo al formar parte de Andalucía-, es la tierra de María Santísima, y no sólo por su fervor por la Madre de Jesús, sino por que por sus calles se paseó la Virgen en un milagro poco conocido y, sin embargo, perfectamente documentado. Tan mariano es Jaén que existe en su Capital una Academia Bibliográfica Mariana que tiene hasta un pequeño Museo. Y no hablaremos de su firmeza Concepcionista que, en legajos, documentos y manifestaciones públicas, se hizo patente mucho antes de que la Santa Sede declarara dogma de fe la Inmaculada Concepción de María. Incluso tiene dos monumentos a la Inmaculada (uno en la Plaza de San Ildefonso y otro en la Plaza de San Félix), por no hablar de la más de decena de pueblos que la tienen por patrona o la veintena de iglesias parroquiales que están bajo su advocación. 

 Fernando III, el rey de Castilla y León que tomo posesión de Jaén y que fue Santo, solía tener apariciones celestiales y, Santa Catalina de Alejandría, Santa de la que era muy devoto, le anunció anticipadamente su entrada en Jaén. Como consecuencia de ello el Castillo o Alcázar de la Ciudad se sigue llamando de Santa Catalina y a ella se consagró la capilla que en él hubo. Todavía perdura la tradición de que el día de su advocación, el 25 de noviembre, son muchos los giennenses que suben en romería al Castillo.

También dejó en Jaén San Fernando la imagen de una Virgen, que era de su particular devoción, y que actualmente se venera en la Catedral con el nombre de Virgen de la antigua. La tradición quiere que sea la misma que dejó el monarca y ante la que se dijo la primera Misa en lo que era mezquita y luego se convertiría en Catedral.

Mandó el Rey Santo edificar un Palacio y en él una capilla en la que se rendía culto a un Cristo yacente conocido por el Señor del Trueno o de la Vera Cruz, y mandó también que nunca se destruyera aquella Capilla. Su orden no resistió mas de seiscientos años. Primero Pedro I cedió la edificación a la Orden de San Francisco, y en 1867 (con la desamortización) se destruyó para edificar el actual Palacio de la Diputación. Todavía la plaza a la que se abre se sigue llamando de San Francisco. Y existe una Cofradía penitencial (la más antigua de Jaén) que sigue procesionando con el nombre de la Vera Cruz, aunque su sede está ahora en San Ildefonso.

EL SANTO ROSTRO

Y ya que hablamos de Cristo y de tradiciones, no dejaremos de mencionar el Santa Rostro: la reliquia más venerada de Jaén y que, según la tradición, es uno de los tres pliegues del paño con el que la Verónica enjugó el rostro de Cristo cuando iba camino del Calvario y que quedó impreso en el lienzo. También la tradición nos dice que, aparte de otras de las que después nos ocuparemos, esta fue una de las reliquias que trajo a Jaén San Eufrasio y que, tras la invasión musulmana, fue guardada junto con otras en un cofre y trasladadas a Asturias, donde permanecieron durante muchos años.

Al final del milenio un obispo de Ramiro III quiso conocer lo que contenía aquel cofre o arcón y al mirar su interior quedó ciego. Años después y, conocedor de lo que había ocurrido, Alfonso VI, tras prepararse cristianamente con ayunos y penitencias, volvió a abrir el cofre, contempló lo que allí había y conservó para él la mejor reliquia: el Santo Rostro, que fue pasando a los reyes cristianos hasta que Fernando III entró en Jaén y la devolvió a su primitivo lugar. Desde entonces se venera en la Catedral. (Otra tradición atribuye al obispo Nicolás de Biedma, que ocupó la diócesis en 1368, el haberla traído de Roma).

Solamente dos veces mas salió la reliquia de Jaén: una por deseo de Fernando VII que quería verla pero no alterar su trayecto camino de Madrid, en 1823, pasando por Jaén y prefirió que se desplazara la reliquia hasta La Carolina, donde la adoró en compañía de la familia real. La tercera vez fue en 1939, cuando fue sacada subrepticiamente de la Catedral junto a otros tesoros, no por su valor religioso, sino por el rico marco que la alberga, labrado en plata con múltiples piedras preciosas. Fue hallada dentro de un baúl en un garaje de Villejuif de Bicètre, entonces pueblecito del sur de París (hoy tiene hasta estación de metro), en 1940, y devuelta a Jaén en marzo del mismo año a través del entonces jefe del Estado General Franco.

En la tarde del Viernes Santo y en la festividad de la Asunción de la Virgen, se da, desde las galerías altas de la Catedral, la bendición con la Reliquia a los cuatro puntos cardinales. También los viernes se da a besar a los fieles y en alguna solemne ocasión o con motivo de la visita de alguna personalidad o ante la llegada de peregrinaciones -que al parecer fueron muy frecuentes en los siglos anteriores-, sale de su altar-caja fuerte. Son múltiples las indulgencias que se pueden obtener en estas ocasiones.

LA VIRGEN DE LA CAPILLA

En el JAÉN MONUMENTAL hacemos mención , al describir la Iglesia de San Ildefonso, de la veneración que allí se daba a la Virgen de la Capilla, Patrona de la Ciudad. Ahora es el momento de pormenorizar un hecho poco conocido, incluso por sus devotos giennenses, y que es reconocido como milagro. Transcribiremos el hecho tal y como lo cuenta Bartolomé Ximenez Patón, Secretario del Santo Oficio, en el capitulo decimotercero de su obra "Historia de la Antigua y Continuada Nobleza de la Ciudad de Jaén", publicada en 1628:

"En la muy famosa, muy noble, y muy leal Ciudad de Jaén, guarda y defendimiento de los Reynos de España. Sábado en la noche a diez días del mes de junio de 1430 años, siendo Obispo de esta Ciudad y Capitán de Este Reino Don Gonzalo de Astuñiga (que hoy decimos Zúñiga) ante su provisor y vicario general Juan Rodríguez, Bachiller en derechos, se probó haber pasado, real y verdaderamente lo que se refería: Que a la hora de medianoche el sábado dicho iba una gran procesión de gente muy lucida y con muchas luces, y en ella siete personas que parecían hombres, que llevaban siete cruces; iban uno detrás de otro, y que las cruces parecían a las de las parroquias de ésta Ciudad, y los hombres que las llevaban iban vestidos de blanco o con albas largas hasta los pies. Iban más otras treinta personas también con vestidos Blancos, en dos hilos, acompañando las Cruces. En lo último desta procesión iba una Señora más alta que las otras personas, vestida de ropas blancas con una falda de más de dos varas y media; y iba distinta de los demás la última, y no iba cerca della otra persona, de cuyo rostro salía gran resplandor, que alumbraba más que el Sol, porque con él se veían todas las cosas al rededor, y contorno, y las tejas de los tejados como si fuera amedio día el Sol muy claro, y era tanto lo que resplandecía, que le quitaba la vista de los ojos, como el sol cuando le miran en hito. Esta Señora llevaba en sus brazos un niño pequeño también vestido de blanco, y el niño iba sobre el brazo derecho. Detrás desta Señora venían hasta trescientas personas, hombres y mujeres, éstas cerca de la falda de la Señora, y ellos algo mas atrás. Estos hombres y mujeres no hacían procesión sino de montón; iban las mujeres delante y los hombres atrás, y todos vestidos de blanco, y sonaban como que iban armados. La cual procesión iba hacia la capilla de San Ildefonso, y habían salido de la Santa Iglesia mayor. Esto afirmaron con juramento Pedro, hijo de Juan Sánchez; Juan, hijo de Vzenda Gómez; Juana Hernández, mujer de Aparicio Martínez; y otros testigos, cuyos dichos y deposiciones están en el archivo desta Iglesia, y capilla."

Dejemos el relato del Secretario del Santo oficio, que hemos respetado en su literalidad, sólo adecuándolo a la caligrafía actual, y resumamos el resto del hecho prodigioso. El cortejo se paró en los muros de la iglesia de San Ildefonso, donde había un estrado revestido de paños rojos y blancos donde, la Señora parecía leer un libro que le presentaba uno de los acompañantes del cortejo, (recordemos que una de las obras mas importantes del obispo San Ildefonso fue "De la perpetua virginidad de María"). A las doce en punto, cuando las campanas de la Ciudad tocaron maitines, la visión desapareció así como el resplandor, volviendo a quedar todo como antes de la procesión. En la caja fuerte de la Virgen de la Capilla se guardan los documentos auténticos, firmados y sellados, de los seis testigos que, tres días después del milagro, comparecieron por separado ante tres notarios, coincidiendo todos ellos en la misma descripción de los hechos. El acta notarial ha sido mil veces revisada y comprobada. Dudas ante el milagro siempre pueden quedar, pero ninguna razonable. Aquí no se habla de tradición, sino de documentos; e historiadores de todo tipo no se atreven a negar y desmentir a los testigos presenciales. Si usted quiere conocer todas las pesquisas intente encontrar el libro de Vicente Montuno Morente "Nuestra Señora de la Capilla, Madre, Patrona y Reina de Jaén. Ensayo histórico". O el de Agustín de la Fuente González "Don Gonzalo de Stuñiga, Obispo de Jaén 1423-1456".

Podría hacerse también una relación de las apariciones de imágenes de Cristo, así mismo abundantes, pero sería muy prolijo y no terminaría nunca este capítulo, que no queremos cerrar sin escribir sobre otra manifestación de religiosidad católica de gran raigambre en Jaén: la Semana Santa.

LA SEMANA SANTA

Jaén que tuvo un rito litúrgico propio, el Rito Giennense, -con mezcla de romano, mozárabe y toledano, con vigencia de 1246 hasta su derogación en 1570-, según el cual se celebraban las conmemoraciones de la Semana Santa. No tuvo procesiones, como hoy las conocemos -o algo parecido-, hasta 1515. Y su primera cofradía es de 1541, la de la Santa Vera-Cruz y su procesión de disciplinantes. Desde entonces, y al compás de la historia y de las normas de la Iglesia, han tenido los desfiles procesionales tiempos esplendorosos y otros de gran decaimiento.

En la actualidad, el esplendor tanto las procesiones de Jaén, les han llevado a obtener la declaración de "Interés Turístico". Independientemente de los desfiles las distintas cofradías organizan tríduos, quinarios, septenarios y novenarios a los que suelen acudir predicadores famosos, y las imágenes son ornadas con flores, luces, mantos, túnicas, y lucen sus coronas de metales nobles que engarzan ricas piedras preciosa.

En Jaén ha revivido la tradición del Pregón de Semana Santa que da lugar a un brillante acto literario y que suele ser pronunciado por algún giennense famoso que vive fuera de la Ciudad y que vuelve para exaltar la tradición, la religiosidad o las costumbres de la tierra natal. Para dar más realce al acto, participan también la Banda de Música Municipal y el Orfeón Santo Reino.

Los itinerarios procesionales suelen discurrir por la parte más antigua de Jaén, y su recorrido suele oscilar entre los dos kilómetros y medio y los cuatro y medio, aunque el tiempo que se tarde en recorrerlos puede variar de dos horas y media a las diez horas y media que dura la de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Estos desfiles tienen una serie de personajes que no faltan en casi ninguno de ellos: Naturalmente, los Cofrades que llevan, según su cofradía, túnicas, capas y antifaces, con capirote o sin él, de distintos colores y un cirio.

El Bocinero que porta una gran bocina o trompeta, en algunas ocasiones de sonar destemplado, como corresponde al luto del momento, que servía para abrir paso y denotar qué cofradía era. Los Bastoneros que, como su nombre indica, portan bastones como símbolo de autoridad, puesto que son los que guardan el orden en la procesión.

El Alférez, que lleva el pendón de la cofradía.

El Fabricano o capataz, que prepara los tronos, guarda y cuida los enseres de la cofradía y, en la procesión, indica cuándo ha de pararse el trono, en función del cansancio de los costaleros, del lugar donde se pasa -en algunas cofradías se suele detener el trono antes las casas de los cofrades-, porque algún devoto o devota canta una saeta... También es el que indica si el ritmo de avance ha de ser contenido, vivo, o se ha de "bailar" el trono; en algunos momentos ha de ser un experto en el cálculo de espacios y volúmenes para que el trono, las imágenes o el palio no tropiecen con los muros de las casas, sus balcones o las esquinas demasiado estrechas.

Los Costaleros, que soportan el peso de los tronos y que suelen ser los cofrades mas jóvenes, los que hicieron una promesa o los que cobran por hacer un trabajo. Ellos son los que hacen que la marcha del trono sea una maravilla de equilibrio y armonía. Los Soldados Romanos o "armados", que pueden ser de infantería, de caballería, cornetas y tambores, y que acompañan algunas procesiones.

Las Fuerzas Armadas: suelen dar guardia de honor a los tronos una escuadra de las Fuerzas de Seguridad o de algún Regimiento de las Fuerzas Armadas vinculadas por alguna tradición a una determinada cofradía.

Y las Bandas de Música: cada cofradía lleva una, incluso contratada en algún pueblo de la provincia o fuera de ella; la banda Municipal acompaña tradicionalmente a Nuestro Padre Jesús Nazareno, conocido popularmente por "el Abuelo", profundamente enraizado en el fervor giennense; incluso se han compuesto, desde hace muchos años, para este desfile procesional, piezas musicales que se interpretan a lo largo del recorrido y que se han incorporado al folclore de Jaén.

Cada ciudadano tiene elegido su peculiar sitio para presenciar el paso de la cofradía de sus amores. Al que esto leyere sin estar vinculado a la Ciudad, le aconsejamos la calle de Bernabé Soriano esquina a la Plaza de San Francisco, que es el lugar donde se instala la tribuna de la Agrupación de Cofradías. 

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JAÉN CULTURAL

 Esto es una especie de catálogo para que, si a usted le interesa alguna de las actividades que aquí se relacionan, pueda disfrutarla, intercalándola en alguna de las otras rutas. De todas formas, enumerar las distintas facetas de la cultura seguramente a algún lector le parecerá una tarea utópica: a mi también. Otros echarán de menos algo que a ellos les parece imprescindible, y otros se preguntarán por qué he incluido aquí a la artesanía. A todos ellos mis disculpas y espero que su comprensión.

Empezaremos por los Museos que, tradicionalmente, se consideran depósitos de la cultura o las bellas artes de otros tiempos. Casi todos ellos los hemos ido citando en otras rutas, pero quizá sea bueno enumerarlos ahora.

La Capital tiene el Museo Provincial, (Paseo de la Estación 27), que es uno de los mejores provinciales de España, especialmente en arqueología y en cultura ibérica.

En la popular plaza del Pato, Plaza de Luisa Marillach, en el Palacio de Villardompardo -en cuyos sótanos están los Baños Arabes-, está el Museo de Arte Naïf, por ahora el único en España, con los artistas mas representativos de este estilo pictórico. Y el de Costumbres Populares. En él suele haber exposiciones de artistas locales o exposiciones itinerantes. Al costado de la Iglesia de San Ildefonso, (a la derecha de la entrada principal), existe el interesante Museo de la Academia Bibliográfica Mariana, que tiene alguna curiosidad. Su horario es extraño: los martes y viernes de seis a ocho de la tarde.

MUSICA

El Instituto de Estudios Gienneses patrocina desde 1956 uno de los premios de interpretación de piano más prestigiosos de España y, por no exagerar, no decimos del mundo. Se celebra en los primeros días del mes de octubre, y los participantes optan a varios premios: el primero, el Premio "Jaén", está dotado con un millón de pesetas, (aunque suponemos que ésta cantidad irá aumentando aunque no sea más que con el Indice de Precios al Consumo). Algunos de sus ganadores han sido de países tan lejanos como Japón o Brasil. Por eso decíamos antes que tenía prestigio en todo el mundo.

En Jaén en Junio, los días 10 y 11, con motivo de las fiestas patronales de la Virgen de la Capilla, hay un Festival de Música Rock y, en las mismas fechas, un Festival de Música Antigua y Tradicional.

En noviembre y diciembre una Muestra de Música Clásica, el Festival Internacional de Coros y Danzas y el Festival de Villancicos.

FLAMENCO

En la Ciudad de Jaén existe una Peña Flamenca, (Calle Maestra 11), que edita incluso una revista, "Candil", y por cuyos locales pasan todos los que son o van a ser alguien en tan singular arte. 

TEATRO

En la ciudad de Jaén, en marzo, se celebra la Muestra Nacional de Teatro. Además, de mayo a septiembre, coincidiendo con las fiestas, las Jornadas de Teatro en los Barrios.

ARTESANIA

Veintidós localidades ha censado Alberto Moreno Navarro en las que todavía se conserva el arte de trabajar distintos materiales, desde el esparto al hierro, tal y como se hacía tradicionalmente, y pieza a pieza.

Vamos a tratar de indicarles la especialidades y localidades donde se realizan, sin dar todas las direcciones para no convertir estas páginas en una guía telefónica, Si usted está interesado por alguna, en el pueblo correspondiente le dirán rápidamente la dirección exacta.

ALFOMBRAS y TAPICES de lana podrá encontrarlas o encargarlos en Jaén y en Sabiote.

La CESTERIA es otra artesanía que vuelve a resurgir en talleres de Jaén, Jimena, Los Villares y Torreperogil.

Para quien aprecia una buena labor de ENCAJE, diremos que en Jaén queda un taller que lo trabaja. Y si conserva el gusto por una buena ENCUADERNACION para un libro apreciado se la pueden hacer en Jaén. 

Labores de MIMBRE puede encontrarlas en Jaén. Y si lo que busca es alguien que le pueda hacer MINIATURAS, también le encontrará en Jaén.

La industria del MUEBLE está muy extendida por la provincia y puede encontrar verdaderas gangas, en comparación con los precios de las grandes ciudades, en muebles de serie y muebles de cocina. También en Jaén  puede encontrar RESTAURADORES de muebles.

La PIEDRA y el MARMOL tienen todavía canteros; los puede encontrar en Jaén.

FERIAS Y FIESTAS

Quizá no sea absolutamente ortodoxo el incluir las ferias y las fiestas en un apartado que hemos dado en llamar cultural, pero creo que convendremos en que todas ellas tienen su razón de ser en la tradición, del tipo que sea, que conforma la cultura de un pueblo.

Jaén es una tierra pródiga en fiestas. Casi todos los pueblos tienen dos o tres festejos populares a lo largo del año. El pretexto de casi todas ellas es conmemorar alguna festividad religiosa, aunque casi siempre podemos descubrir la cristianización de una fiesta pagana en su trasfondo. 

16 y 17 de Enero.- Son muchos los pueblos que festejan a San Antón, unos con desfiles de animales y su bendición, y casi todos ellos con hogueras. Tomaremos como ejemplo a la ciudad de Jaén que incluso tiene una Asociación de Amigos de San Antón, (verdaderamente meritoria en la recuperación de la cultura y la tradición giennense). En esta fechas se hacen hogueras, se baila a su alrededor, se cantan coplas autóctonas llamadas "melenchones", y se vuelve a la gastronomía tradicional.

11 de Junio.- Fiestas en honor de la Virgen de la Capilla, Patrona de Jaén. Entre los muchos festejos, hay que destacar la hermosa ofrenda floral.

18 de octubre.- Feria de Jaén en honor de su patrón, San Lucas. Con las corridas de toros de esta feria se cierra la temporada taurina española.

25 de Noviembre.- Festividad de Santa Catalina, en cuya fecha quiere la tradición que San Fernando conquistara Jaén. Con este motivo hay una romería en la que se sube al castillo.

8 de Diciembre.- El "lunes de la Pura", es decir el día siguiente a la festividad de la Inmaculada, se comienza tradicionalmente en la provincia la recogida de la aceituna. Con este motivo en la capital de una de las comarcas más aceituneras de la provincia, Martos, se celebra el día 8 de diciembre unas fiestas de la aceituna.

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GASTRONOMÍA 

Jaén es la capital de la provincia española cuya mayor producción agrícola es el aceite, uno de los zumos vegetales más apreciados en la cocina, en la gastronomía, en la farmacopea, en la medicina y en la religión católica. Los romanos, que ya cultivaron el olivo, llamaron a su zumo oleum y los cristianos romanizados alguna virtud sobrenatural debieron verle como para que, junto con el pan, el agua y el vino, se incorporara a los Sacramentos. Precisamente al último Sacramento: la Santa Extremaunción, utiliza el aceite para que haga mas suave el viaje que lleva al Padre Eterno.

Los árabes cultivaron abundantemente el olivo y la denominación de su zumo, az-zait, quedó incorporado a nuestro idioma castellanizándola como aceite, y tal prestigio ha alcanza- do que otros zumos vegetales y aún minerales se han apropiado de su nombre para designar otros productos que no tienen casi ninguna de sus propiedades y que avispados, o marrulleros, comerciantes tratan de emparejar abusando de la buena fe, la estulti- cia o la pobreza de los consumidores.

El aceite, -y solo se puede llamar así al producido por el prensado de la aceituna del olivo-, es un zumo único que, incluso, tiene catadores como el vino y, como, éste tiene denominaciones de origen y se llega a definiciones como esta del experto gastrónomo José Carlos Capel: "Son aceites muy nobles y sabrosos en los que prevalece el "sabor de aceituna" y los matices afrutados, que dejan un final de boca exquisito y un retrogusto prolongado". Que haya catadores (algunos oficiales) quiere decir que hay muchas clases de aceites según los distintos tipos de aceituna y de los lugares donde se cultivan, y los buenos cocineros los usan en según que guisos, y las modestas, pero avisadas, amas de casa conocen también las virtudes del aceite de oliva y lo emplean de distinta forma. Los otros zumos se emplean para algunas dietas en determinadas enfermedades, para ahorrarse pesetas en detrimento de la salud o para engrasar motores.

Bien. Pues Jaén es, de las dieciocho provincias españolas cuya producción aceitera es significativa, la primera con una media anual de aproximadamente un millón de toneladas; la que la sigue mas de cerca es Córdoba con unas setenta y cinco mil toneladas. No nos puede, entonces, extrañar que una de las bases de la gastronomía giennense sea el aceite y por ello que al llegar a Jaén entre en la tierra de los fritos. Ni nos puede sorprender que Averroes, el filósofo cordobés que devolvió a Aristóteles a Europa en el siglo XII y que tanto influyó en la configuración del pensamiento de lo que hoy llamamos Occidente, y que también cultivaba entre sus saberes la gastronomía, escribiera: "Los mejores huevos son los de las gallinas. Cuando se fríen en aceite de oliva, son muy buenos, ya que las cosas cuando se condimentan con aceite son muy nutritivas; pero el aceite debe ser nuevo, de poca acidez y de aceitunas. Por lo general es un alimento muy adecuado para el hombre." Y añade el profesor Cruz Hernández, especialista en la cultura andalusí y en Averroes: "Desde el siglo XII aceite nuevo y de oliva y nada de colza, girasol o soja."

EL TAPEO

En Jaén es difícil encontrar muchos y buenos restaurantes. En cambio encontrará muchísimos bares, y algunos muy buenos, donde se sigue practicando la maravillosa costumbre de "tapear", con lo cual podrá conseguir la confección de lo que ahora los gourmets llaman un "menú largo y estrecho".Es decir, probará muchas exquisiteces sin tomar un plato completo. Hay otra posibilidad: que usted tenga un amigo que le invite a comer en su casa. Si la invitación es real y la acepta, pídale a su amigo que no trate de servirle platos complicados, que a usted le gustan las comidas caseras y de la zona donde se encuentra. Lo normal es que se lleve una gran y gratísima sorpresa.

De todas maneras le recordaremos algunas peculiaridades culinarias de la tierra que no debe dejar de probar, naturalmente siempre que sea época.

LAS VERDURAS

La Capital tiene cerca un río que es aprovechado para el cultivo de huertas, y numerosos pueblos practican, también con la ayuda de arroyos o riachuelos, la horticultura; por ello las verduras y las hortalizas tienen variados platos propios.

Comenzaremos con el tomate, con el que se hace el gazpacho (en cada casa, bar o restaurante le dirán que el suyo es el mejor y que tiene la receta auténtica). Entre las muchas cosas que suelen acompañarlo, cebolla, pepino, pan...quizá no haya probado a añadirle manzana. En Jaén se hace y suele gustar a los que no les importa mezclar dulce y salado en un mismo plato; es decir a casi todos, pues en España solemos empezar nuestra alimentación, en el desayuno, con café con leche (dulce) con pan (salado) o con churros. Sigamos con el tomate.

En Jaén se hace una ensalada de tomate que se llama "pipirrana", con la pulpa del tomate aderezada con aceite, vinagre y sal; y enriquecida según los posibles y el gusto de cada cual con pimiento, cebolla, atún e incluso jamón.

De casi todas las verduras que citaremos encontrará un plato típico en según qué pueblos, pero todos se distinguirán por la fragancia y su sabor: alcachofas y alcauciles (de la misma familia pero más silvestres los segundos), berenjenas, coliflores, espinacas (esparragadas o al estilo de Jaén), pimientos (con los que se hace una ensalada deliciosa asándolos con tomates y dientes de ajo sin pelar); y la alboronía o almoronía: asado de berenjenas, patatas, cebollas, pimientos, tomate, incluso habas secas, guisantes, lechugas (de una extraordinaria dulzura), habas, espárragos trigueros que algunos llaman "amarguillos", cardos y cardillos (con los que se hace una buena sopa), setas de cardo (no olvide que estamos en una provincia montañosa con abundantes bosques; la Asociación Micológica "Lactarius", de Jaén, ha clasificado cerca de dos centenares de especies en la provincia), champiñones, judías verdes (aquí les llaman "habicholillas"), nabos , patatas (elemento básico para obtener el puré que servirá para el "rin-ran" serrano, en el que se mezcla el antedicho puré con pimientos y, en los hogares más ricos con masa de chorizos), y aceitunas de todas clases, colores y sabores.

LOS POTAJES

En las entradas hay que recomendar dos o tres platos de legumbres: potaje de habas (habas "cascás" -cascadas-), judías con perdiz (volátil muy abundante en los campos de Jaén), y el cocido (vieja herencia judaica de cuando se dejaba el fuego encendido, del jueves al viernes, y a su arrimo el puchero; luego los cristianos añadieron la morcilla, el tocino y el chorizo para demostrar que eran cristianos viejos); también con garbanzos el potaje con acelgas y espinacas (tan propio de la Cuaresma) al que los más ricachos le añadían una raspa de bacalao. En algunas ocasiones se le añade arroz (y entonces le llaman "empedrao").

LAS MIGAS Y GACHAS MIGAS

Y, naturalmente, las migas, plato básico entre las cuadrillas de cogedores de aceituna y con el que se empieza el día; solas o acompañadas de lo que usted quiera según sus posi bles: uvas, sardinas, tocino, chorizos, huevos...(con chocolate para desayuno o merienda ciudadana están riquísimas). Gachas- migas, variante hechas con harina en vez de con pan. Y los andrajos, calandrajos, talarines o tortas-gachas, plato exquisito a pesar de su nombre, hecho con una finísima masa de harina y con diversos aditamentos según la riqueza del que guisa, desde bacalao a liebre, pero con una imprescindible ramita de yerbabuena. Es una sopa con aspiraciones de potaje.

EL PESCADO

Los pescados no son lo mejor que se puede comer en Jaén; no olvidemos que estamos en una provincia interior, aunque antes los pozos de nieve y ahora las cámaras frigoríficas, han logrado que se puedan servir todos, aunque sin una gran tradición en la forma de cocinarlos. Sin embargo raro será el bar donde no encuentre mariscos y pescado frito; si acierta en la elección probará algo fuera de serie. Y no olvide que en la parte brava de los ríos serranos encontrará truchas exquisitas. Y que el bacalao tiene toda clase de guisos en la provincia.

LA CAZA, EL CHOTO Y EL CERDO

En las carnes tenemos suerte. Sin embargo no busque buenos cortes de vacuno. El animal totémico, que pasta en gran parte de la zona norte de la provincia, se dedica a las corridas de toros. En cambio encontrará buenos platos de todos aquellos animales que se cazan, ya sean de pluma o de pelo. De los prime- ros, perdices, pajaritos (donde se salten la prohibición de capturarlos), palomas, zorzales...Y de los segundos, conejos, liebres, jabalíes, gamos, corzos, ciervos... (con algunas de estas carnes se elaboran unos estupendos chorizos con un sabor distinto).

La cabaña ovina es escasa, no así la caprina que se adapta mejor a la configuración y climatología del terreno; de choto -cabra pequeña- le servirán estupendos platos. Y si le gustan los sabores recios no se pierda el choto con ajos o el choto al ajo cabañil.

Y el cerdo y todos sus aprovechamientos; chorizos y morcillas de todos los sabores, pues con estos embutidos ocurre como con el gazpacho, cada cual tiene su fórmula. En muchos sitios le servirán la masa antes de embutirla, que algunos llaman "angelillos". En la provincia hay unas estupendas industrias cárnicas del cerdo donde podrá encontrar lo que desee, aparte de las pequeñas industrias familiares.

No deje de probar el "flamenquín": un filete enrollado sobre una tira de jamón entreverado, empanado y frito.

Una advertencia si le gusta la carne poco hecha avíselo claramente, pues en la mayoría de los sitios la suelen servir más que pasada. Debe ser un atavismo de cuando, por motivos religiosos, no podía comerse carne sangrante.

LOS POSTRES

Los postres son una especialidad de la tierra: mantecados, pestiños, dulces de almendra, roscos, con y sin vino, hojaldres, bizcochos, canutillos, mazapanes, alfajores, ajonjolí... En conventos y tahonas los hacen de todas clases y según las épocas.

Y no olvide la fruta. Como venimos diciendo Jaén es tierra montañosa y no hay mejor fruta que la de la sierra: cerezas, guindas, melocotones, albérchigos, peras, manzanas, membrillos, caquis, higos, brevas, melones y sandías. Mas algunas otras que, sin duda, olvido.

LOS DESAYUNOS

Nos queda por recordar algo que es habitual para el desayuno: el tallo, tejeringos, calentitos o churros que, fritos en aceite de oliva le harán recuperar un sabor casi olvidado. En algunos sitios la masa no es de harina sino de patata. También se suele desayunar tostadas de pan (no de molde) untadas con ajo, o regadas con aceite, o con manteca, a veces salpicadas de azúcar o pimentón.

Los filmes extranjeros, y los hoteles, nos están acostumbrando a ver desayunar un zumo de naranja. Pues bien: desde hace muchísimos años en esta tierra se desayuna naranja cortada en rodajas y una vez puesta en el plato rociada con un ligero baño de aceite, y, según gustos, espolvoreada de azúcar. Plato muy recomendable para la regulación del intestino por su riqueza en fibra y lubricante.

A veces se desayunan, o meriendan, "ochíos" (de la partición de un kilo de pan en octavas partes), que es un bollo de masa de pan trabajada con aceite y espolvoreada de azúcar. En Baeza algunos cambian el azúcar por pimentón. Otra variante es rellenar el ochío con masa de chorizos, o "angelillos", en cuyo caso se llaman "esollás" (desolladas). Antes los niños, y algunos mayores, merendaban algo exquisito: un hoyo de pan y aceite. Su propio nombre indica que era un cantero de los antiguos panes redondos al que se quitaba parte de la miga y en su lugar se echaba aceite. Los más ricos o los más exquisitos además le ponían azúcar. Y todavía hay lugares donde podrá tomar picatostes, ya sean pasados por agua o por leche, pero siempre fritos con aceite de oliva a muy alta temperatura. Siguen estando deliciosos.

EL ALOQUE Y LA CERVEZA

Y, ¿para beber?. Lamentablemente el viñedo ha ido desapareciendo en beneficio del olivo, pero todavía se encuentran pequeñas bodegas familiares o cooperativas que tratan de recuperar la tradición vitivinícola del país. 

Si el vino de la tierra no se comercializa bien, excepto en Bailén, sí hay en Jaén una excelente cerveza; no en balde esta es una buena tierra para la cebada y el lúpulo y tiene una larga tradición; incluso su nombre podría ser autóctono y nos distinguiríamos del resto de los idiomas romances o sajones llamándola cerveza, casi como San Isidoro que ya la alababa en sus Etimologías denominándola "cervisia".

También se hacen licores en Jaén, sobre todo aguardiente o anís, y en algunos sitios y de forma artesanal Resol, Risoli o Risolí, licor de origen árabe mezcla de café y anís.

ALGUNAS DIRECCIONES DE INTERES

En la capital

Vamos a buscar algunos sitios donde podamos degustar algunas de estas cosas de las que hemos hablado. En Jaén hay algunos restaurantes buenos. Para un menú típico puede subir al Parador de Turismo, en el Castillo de Santa Catalina, o encargarlo con anticipación en el Mesón de Vicente, en la calle Arco del Consuelo.

En la calle Nueva encontrará un modestísimo restaurante, Casa Piedra, pero con buena cocina; y en la misma calle, Mesón Río Chico. Y ya con ínfulas internacionales, pero con algún plato típico, Jockey, en el Paseo de la Estación, y Nelson y Las Vegas, ambos en el mismo Paseo. Y en Roldán y Marín, Montemar, con buenos mariscos.

Interesante el Mesón Nuyra, en el pasaje de la calle Nueva. Y Valentín, al principio de la Avda. del Ejército Español. Escaso de mesas pero abundante de buenos platos, Bahía, en la Plaza de San Roque, enfrente del Parque y la Avda. de Madrid. No olvide la Cafetería Colón, en Batalla de Bailén, si quiere tomar unos buenos churros.

Pero recuerde que lo ideal es el menú largo y estrecho, es decir "tapear". Hay en la ciudad de Jaén dos zonas principales, entre otras muchas, para el tapeo: la de la Catedral y la del ensanche. Cerca de la Catedral en la calle Arco del Consuelo hay dos tabernas que se disputan el decanato: El Gorrión y La Manchega, mejor surtida ésta que aquel pero en el que podrá probar un buen vinillo embocado. Bajando hacia el ensanche puede visitar Pepón, en Dr. Arroyo 12, Malagón, en Núñez de Balboa 17, y El Sotanillo, en la Pl. del Pósito.

La otra zona de la que hablábamos es el ensanche. Antes de llegar al Paseo de la Estación, y naciendo en la calle Roldán y Marín, está la calle Nueva. A su derecha e izquierda encontrará bares y restaurantes para todos los gustos y todos los bolsillos. No deje para el final el Bahía, al final de la calle Baeza, cuyo único inconveniente es la aglomeración. Luego a partir de la calle Baeza, bajando hacia la Estación, encontrará los bares y hamburgueserías frecuentados por los mas jóvenes.

No olvidemos los dulces. Además de encontrarlos en las confiterías busque los elaborados por las Bernardas, en realidad Monjas Franciscanas Descalzas, en el Convento de la calle Bernardas, muy cerca de la Plaza de Toros. Y las yemas de Santa Ursula en el convento de su nombre, al lado de la Iglesia de la Magdalena.

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RITOS Y LEYENDAS DE JAÉN

Vamos a comenzar una nueva ruta que no tendrá sentido para aquellos que sólo creen lo que ven ni para los que no se han preguntado nunca por las raíces de los hechos, -ignoradas por el paso del tiempo-, ni para los que no ven en un dolmen más que una piedra, ni para los que piensan que la Iglesia Católica puso la festividad de San Juan Bautista el veinticuatro de junio porque en ese día nació el Precursor.

Esta no es una ruta, propiamente dicha, sino más bien unos apuntes o sugerencias para que usted cavile y se divierta. Son unos comentarios marginales, nada ortodoxos, sobre lugares, devociones y tradiciones que hemos comentado en otras rutas, con las que sólo sugeriré ahora una posible conexión. Y, antes se seguir adelante, he de reconocer que esta parte de la Guía quizá no se hubiera escrito si Juan Eslava Galán no hubiera publicado "El enigma de la mesa de Salomón".

Jaén ha ejercido, a lo largo de la historia, una especie de atracción poco explicable desde el punto de vista estrictamente histórico. Pueblos, gentes, artistas, santos, guerreros, han llegado hasta ella en diferentes momentos ... ¿Por qué y para qué?. Quizá hay razones subterráneas, lo que solemos llamar "esoterismo", que explican presencias y conductas inocentemente registradas en los libros de historia.

Los griegos, de quienes parece que recibimos nuestra civilización a través de los romanos, reconocen que, antes que ellos, existía otra civilización superior, que desapareció: la de los Atlantes, que es sólo un mito lejano. Pero después hablan de otro reino, también mítico: Tartesos, de quién parece que les llegan muchas cosas, desde versos a metales preciosos.

Pero los griegos no sólo reciben metales o leyes en verso, sino también mitos: los Campos Eliseos, el Jardín de las Hespérides, el Hades... Incluso cuando un dios tiene que realizar terribles trabajos para sacudirse su maldición, tiene que acercarse a tierras españolas. O a lo que se conocía de España: Tartesos.

El reino de Tartesos era más grande de lo que podemos suponer, y sus santuarios estaban en la parte más oscura, más inaccesible, de la que, según Estrabon, provenían las aguas fertilizantes -ver nacimiento del Guadalquivir en la ruta ecológica-, y algunos de los metales que les servían para su comercio. Y esa parte del reino de Tartesos es Jaén.

EL LAGARTO DE LA MALENA

Sin duda es la leyenda con más raigambre popular de la ciudad y ha sido objeto de algunos estudios, el más significativo de todos a cargo de Juan Eslava Galán. Su implicación en los habitantes fue tal que durante décadas se creyó que el pellejo del lagarto se hallaba expuesto en uno de los muros de la iglesia de San Ildefonso. En realidad parecía ser más bien el cadáver disecado de un caimán enviado desde el Nuevo Mundo por algún paisano, una costumbre muy en boga siglos atrás.

El tema de la leyenda confluye con otros mitos de lucha frecuentes en las regiones mediterráneas. A juicio de Eslava, se transmitió a Jaén entre los siglos VI y I antes de nuestra era. Siguiendo su interpretación, nos encontraríamos ante mitos relacionados con las sociedades agrarias, en las que se relata simbólicamente las relaciones entre muerte y resurrección de la vida según las estaciones y en torno al agua y el sol. Ureña Portero también recuerda alusiones al tema del Lagarto en la tradición judía.

Según el relato recogido por Eslava de un magdalenero en 1977, llamado José García Martos, en el venero que hay enfrente de la iglesia de la Magdalena había un lagarto muy grande que salía y se comía a todo el que iba por agua y ya no había quien saliera de sus casas en la Magdalena, todos asustados y sin trabajar.

Había un preso en la cárcel condenado a muerte que pidió el perdón si lograba matar al lagarto. Tal era la desesperación de los vecinos que se le concedió su petición. Entonces él pidió un caballo, una lanza y un saco de pólvora. Fue de noche frente a la cueva con un costal de panes calientes.

Cuando el lagarto olió los panes, salió de la cueva. Al ver al preso, fue a embestirlo, pero éste salió corriendo y en su huida iba echándole panes al lagarto hasta llegar a la iglesia de San Ildefonso. Allí le tiró el saco de pólvora envuelto en la piel del cordero y el lagarto se lo tragó  creyendo que era un cordero y reventó.

Esta versión, con más o menos variantes, es la más conocida y contada en la ciudad.

Cazabán recoge otra versión: un guerrero vestido con traje de espejos espero al monstruo y al salir éste, quedó deslumbrado por las reverberaciones de la luz sobre los cristales, recibiendo entonces el golpe mortal en la espalda. Esta versión tiene réplicas literarias algo más del norte y tiene que ver con las gestas de caballerías.

La última versión la protagoniza un pastor de rústico, pero hábil ingenio que tendió una trampa a la serpiente que se comía sus corderos, arrojándole la piel de uno de ellos rellena de yesca, con la que el monstruo se abrasó y murió. Es tal vez la versión más popular y, si acaso, más verosímil.

Ximénez Patóh, en su Historia de la antigua y continuada nobleza de la ciudad de Jaén, de 1628 recoje también la leyenda. Su protagonista es el mismo pastor de arriba.

La presencia del lagarto en la simbología de la ciudad ha sido corriente. El obispo de Baeza, Fray Domingo, lo incluyó en su blasón en 1227. Tres años después de la conquista de Jaén, en 1249, el lagarto o sierpe aparece como signo oficial de la ciudad.

Existe una importante identificación entre la ciudad y su mito, que protagoniza eventos y celebraciones, desde la celebración de conciertos de rock hasta cabalgatas y carnavales. Un dicho acuñado en la ciudad, a modo de maldición, sería "así revientes como el lagarto de Jaén" o también "de la Malena". También se ha identificado el mito del lagarto con la forma que el plano de la ciudad adopta al enroscarse  sobre el cerro de Santa Catalina, que asemejaría la figura de un lagarto. De esa opinión era el Deán Mazas.

Lo cierto es que el mito del lagarto figura en un lugar de honor en el patrimonio cultural de la ciudad y en muchos sitios de fuera, es la principal reseña que de ella se tiene.

 ¿EL "VERO ICONO"?

La Catedral de Jaén, el Santuario de la Diosa Madre, -que Eslava sitúa en línea con dos lugares esotéricos, Otíñar y la Perulera-, es la única de las que le son semejantes -Málaga y Guadix-, que está terminada, y en ella que se conserva una reliquia singular: un pliegue del paño con el que la Verónica (¿vero icono?), enjuga el rostro de Jesús, y cuyo origen está lleno de leyendas esotéricas. Pese a ser una reliquia de valor inconmesurable, no hay documentación sobre ella y, cuando Federico de Palma escribe un libro sobre el Santo Rostro, en el que aporta cuanto se sabe de él, escribe una frase lapidaria: "Hay tradición. Nihil quaeras amplius" (No busques más). Eslava afirma que el rostro es el de una mujer, a la que luego se le pintan melenas, barba y bigote.

RIQUEZAS INEXPLICADAS

Los judíos son, entre otros, los que durante siglos buscan el nombre de Dios, es decir: el conocimiento perfecto que solo encontró Salomón y que dejó escrito en su anillo y en la mesa, tablero o espejo que, como dice Eslava Galán, se encuentra en Jaén en el Santuario de la Diosa Madre que identifica con la Catedral. Esa sabiduría daba, además, riqueza y todos aquellos que en Jaén estuvieron relacionados con el Santuario tuvieron fortunas que sus solos medios no podían explicar. Como Salomón, que construye un gran templo lleno de riquezas que trae -además de expertos que lo construyen-, de muchos lugares del mundo conocido. Entre otros de Tartesos. Y recordemos que Salomón es sólo el Rey de un pueblo de pastores y nómadas, donde nunca se han encontrado grandes riquezas.

Otro iniciado,  el protonotario apostólico, Gutierre Doncel, que mandó edificar la Sacra Capilla de San Andrés y al que el Condestable de Borbón colgó por los testículos para que le dijera donde guardaba sus tesoros. ¿O como Muñoz Garnica, Canónigo de la Catedral, sin bienes de fortuna, pero rico en obras de caridad y en la financiación de empresas editoriales, periódicos, etc,? ¿Y el Obispo Suárez de la Fuente del Sauce, que sigue sin enterrar, guardándose sus restos en un arcón, pero que empezó una catedral, mandó tallar la sillería del coro, -llena de símbolos para iniciados-, y construyó un puente para llegar de Baeza a Jaén, concediendo, además, indulgencias a quien pasara por él y le rezara? Eso dice la lápida que hay en el punte del Arzobispo, que no verá si no quiere bajarse del coche, pues desde 1987 hay un puente nuevo sobre el río Guadalquivir.

LA ORDEN DE CALATRAVA

Al lado de la iglesia de la Magdalena tuvo un priorato la Orden de Calatrava, como es sabido, sucesora en lugares, bienes y tradiciones, de la desaparecida Orden del Temple. La Orden de Calatrava "heredó" en la Provincia de Jaén algunos dominios; una iglesia templaria en Baeza, e incluso en Cazorla, que fue un adelantamiento concedido al Arzobispo de Toledo, logró tener un castillo, La Iruela, que está a poco más de dos kilómetros de la ciudad. (Y hay que tener en cuenta que los territorios al este de Cazorla eran de la Orden de Santiago). La Iruela queda dentro del hipotético larguero de una tau cuyo centro sería San Juan de Ucero, (en Soria), el críptico centro templario español; el larguero horizontal iría desde Rosas a Santiago, siguiendo el Camino peregrino tradicional.

Y, hablando de "tau", entre las pocas marcas de cantero que se pueden ver en los muros de la catedral de Jaén hay algunas tau, y la única figura de la cenefagótica de la catedral, (renacentista), llena de símbolos por ahora sin descifrar, podría ser un Bafomet que, cosa rara, no ha sido destruido, y al que ningún chaval se atreve a tirarle una piedra, pues el primero que lo hizo, murió loco (según la tradición).

Quedan muchas historias, historias "oficialmente" contadas, con posibles interpretaciones esotéricas. Sólo apuntaremos algunas que corroboran ese atractivo que Jaén ha ejercido sobre figuras históricas de perfiles bien distintos.. Cuando Tarik comienza la conquista, deja en manos de su lugarteniente la rendición de Córdoba y emprende veloz carrera, pero no para llegar a Toledo, capital del Reino visigodo, sino para acercarse a Jaén y, sin duda por un error geográfico, en vez de conquistar la ciudad, arrasa La Guardia, diez kilómetros más al este y quizá, en aquellos años, ciudad más importante que la actual capital. ¿Por qué? ¿Qué buscaba?

Muchos siglos antes Aníbal toma mujer en Jaén, la bella Himilce. ¿Era amor, contrato estratégico, o algo más?

Nos quedan algunos Obispos "raros", como Moscoso, a quien el demonio trajo volando desde Roma con el Santo Rostro. O Fray Diego de Deza, preceptor del Príncipe Juan, Inquisidor General, convencido de las razones de Colón ...

Para que tenga más cosas en qué pensar, le contaré que Fray Miserias, el pintor de Santa Teresa, vivía en una cueva cercana a Jaén, de la que no salía más que para orar en la Catedral.

Sin intentar sacar conclusiones, habría que recordar que la mayoría de las patronas de los pueblos son Vírgenes que se suelen venerar en ermitas alejadas de los poblamientos, en oteros, cabezos o colinas, a las que, en las fiestas que se suelen celebrar en primavera, se va en romerías que tienen un componente lúdico mucho más importante que el religioso. Nos queda otra pregunta por formular: ¿hay alguna relación entre los lugares (cercanos a sierras o fuentes) donde viven los curanderos y los "poderes" de éstos? Porque Jaén es tierra de curanderos, a los que a su nombre o a su apodo se antepone el nombre de "Santo". Algunos han sido famosos -y otros pueden serlo- por sus curaciones. Recordemos algunos nombres que quizá a algunos lectores les resulten familiares: Santo Aceituno, Santo Manuel, Santo Custodio o Santo Angel.

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AUTORÍA

 EXTRACTO-RESUMEN de la obra "48 Horas en Jaén"  de don Juan Ramón de la Cuadra Herrera,  publicada  en el servidor WEB de la Universidad de Jaén.

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ENLACES

 Para saber más sobre la ciudad de Jaén os recomendamos las siguientes direcciones:

 

Jaén, paraíso interior.

Jaén On Line.

La Guia de Jaén.

Jaén Web.

Datos estadísticos de Jaén (IEA)

Ayuntamiento de Jaén

Universidad de Jaén

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